martes, 15 de septiembre de 2015

El atasco





De manera que un servidor de ustedes -aficionado a la poesía y sevillista hasta la muerte- culmina durante el estío una antología de poesía a la sombra espiritual de un ficus destruido por la mano del hombre, toma el viejo Toledo y de un tirón recorre desde la esquina suroeste de Europa carca de cuatrocientos kilómetros para encaramarse en esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, con el fin de disfrutar por vez primera del jolgorio del Sevilla CF en la Champions League y, toma del frasco carrasco, un tal Roures, el dueño del fútbol, no ha llegado a una acuerdo con Movistar +, maldita fatalidad que conseguirá que vuelva al prehistórico transistor para saber de la segura victoria palangana.

         En fin, que con tan perversa noticia deportiva a mis espaldas, estaba visitando a un grupo de amigos en el ya famoso Gran Vía cuando se acercó con precaución mi vecino del piso de abajo para notificarme que tenía un atasco en su cocina y que hoy, a las ocho y media de la madrugada, vendrían albañiles y fontaneros para arreglar el asunto -hecho más importante, al menos para mí, que todo el mangoneo que se traen por tierras catalanas todos los partidos y partidas de políticos-.

         Así que justamente, y sin tiempo para un aseo en condiciones de abajo a arriba como Dios manda, sonó el teléfono de la puerta y un señor me avisó que la cuadrilla estaba preparada para actuar; pulsé el botón, abrí la puerta del portal, sonó el timbre de casa, abrí la puerta del hogar y un enjambre de trabajadores portando toda clase de herramientas la emprendió por paredes y zócalos dejando agujereada de muerte la vivienda.

         El madrugón tuvo la virtud, después convertida en tedioso aburrimiento, de poder escuchar la entrevista “copera” entre Carlos Herrera y Pablo Iglesias; entrevista que por más que el de los “fósforos” pretendiera arrinconar al de los “círculos morados” no llegó a conseguirlo porque este Pablo tiene tanta o más jarilla que el de Tarso, y más aún cuando en la emisora de la Iglesia encumbró al Papa Francisco como el  ejemplo a seguir.

         Así que entre el atasco de la cocina, el de Herrera, el del Sevilla, y el que pueda venir, porque es seguro que llegará en este día gafe, no tengo más remedio que escribir de estas cosillas que a nadie importa pero que, con toda seguridad, me servirán como sesión de psicoanálisis para largar el venenillo que me asola en estos momentos.

www.josegarciaperez.es

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