viernes, 25 de septiembre de 2015

A banderazo limpio



La Fiesta de la Mercè, celebrada ayer, es la más popular de la ciudad de Barcelona; en Cataluña son muy amantes de las balconadas desde donde se divisa mejor al personal, y este, el personal, se encandila mejor con sus honorables autoridades.

         Pues en esa situación se encontraban ayer el pueblo, los y las jerarcas Artur Mas, Ada Colau y sus respectivas cohortes con las banderas oficiales, española, catalana y municipal, izadas como manda la Ley, cuando he aquí que Alfred Bosch, portavoz de Esquerra Republicana, desenfundó de la sobaquera la “estelada” -bandera no oficial- signo discutido y discutible del independentismo catalán, y digo lo de discutido y  discutible no por emular a Zapatero en su concepción de la nación española, sino porque existen otras banderas que vienen a significar lo mismo, desenfundó Bosch, decía, y colgó del balcón con una guita y la ayuda de un compañero de partido la “estelada” ante el beneplácito de autoridades y me imagino que de buena parte del público asistente.

         Ante tamaña “gracia”, el edil popular Alberto Fernández intentó colocar la bandera nacional española en el balcón para contrarrestar, quiero creer, la “estelada”; pero le costó lo suyo porque el número dos de Ada Colau, Gerardo Pisarello, argentino de nacimiento, hizo lo posible e imposible para que Alberto no culminara su objetivo; todo ello transcurría con esa sonrisa conejil que embarga al rey Artur cuando los símbolos patrios son silbados o ajados.

         Pero en fin, Fernández, peor que mejor y entre una pitada casi general del público asistente, consiguió que la roja y gualda permeneciese un instante, y gran parte del público que, por cierto, había acogido sin grandes aspavientos la irrupción de la “estelada” desde la sobaquera de Bosch hasta la balaustrada del balcón, silbó la gran hazaña.

         Hay que reconocer que Ada Colau puso orden y paz en el guirigay del balcón, que Bosch pidió perdón por el hecho cometido y que el argentino Pisarello, experto en retirar símbolos y bustos, ya lo había hecho con el de Juan Carlos I, solicitó absolución porque al ver la bandera nacional su sentimiento republicano se había zarandeado en demasía al ver la constitucional de España.

         La fiesta siguió en paz y armonía, pero por un instante pudo haberse liado un buen jaleo. En fin, confiemos que de aquí a dos días, las cosas transcurran más o menos como ayer.

         Tampoco es mucho pedir.

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