martes, 25 de agosto de 2015

Quién nos va a sacar las castañas del fuego




La ciudadanía, ese conjunto de seres tiesos, opulentos, desheredados, mileuristas, parados y jubilados, espera, con ansiedad o escepticismo, que los señores y señoras polític@s puedan lanzar con acierto un anzuelo con el que sacarnos de la ruina que dicen vivimos; bien es verdad que el citado anzuelo, que podría ser un deseado y serio pacto de gobernabilidad no se prevé que aparezca, dada la variada policromía de los esperpénticos partidos que asolan banderas, símbolos, corridas de toros, bustos de borbones, al tiempo que ensalzan meonas por las calles de Murcia que, cómo no, son fichadas por la Colau.

         La red es tan tupida que el citado anzuelo quedará enganchado en ella y difícilmente, creo por desgracia, servirá para muy poco, dado que no hay carnaza suficiente para que todos los comensales a la gran tarta se encuentren a gusto con el plato único, o sea, sacar las castañas del fuego al partido de la troika.

         En la habitación contigua, a la escucha, se encuentran CCOO y UGT, qué poco se habla en la actualidad de estas organizaciones que duermen, creo, el sueño de Jacob a la espera de subir las escaleras que lleva hasta los aledaños del poder; en otro de los habitáculos, los empresarios de la CEOE confían en que se inicie una vuelta atrás, mientras los sufridos autónomos siguen erre con erre con la propina del ciudadano que cambia los Grandes Almacenes por el familiar mostrador del auténtico profesional del comercio, estirpe, por cierto, a extinguir.

         Los funcionarios, un ejército de más de tres millones de aguerridos militantes, están con la mosca detrás de sus respectivas orejas, pues de pronto aparece un jefe que argumenta que hay que aumentarles la miseria mensual, o sea, el uno por ciento de la nómina, como de pronto llega otro pillín y afirma que si ganan las elecciones los suyos cambiarán los presupuestos que ha dictado el gallego; y cualquiera sabe si para bien o para mal.

         No es que uno sea un pesimista antropológico como Fernando Pessoa, sino que, bien porque no veo en ese batiburrillo gente capacitada para rescatarnos del fangal en que estamos metidos o bien porque no existe mucho interés en conseguirlo, creo vamos a pasarlo como gallina en corral ajeno.

         Esperemos, pues, a noviembre, mes de difuntos.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario