miércoles, 26 de agosto de 2015

Liquidación por cierre del Partido Andalucista




Liquidación por cierre del Partido Andalucista (PA) es la triste noticia que recorre en absoluto silencio los campos, pueblos y ciudades de Andalucía; y a casi nadie importa, excepto a cuatro o cinco, no más, utópicos que se han colocado en el alma un negro crespón que ha oscurecido el verde esperanza de nuestra bandera.

         Cinco veteranos dirigentes han pedido la muerte con dignidad del PA al actual secretario general Antonio Jesús Ruiz, que en el próximo y último Congreso del mermado colectivo a celebrar el próximo 12 de septiembre celebrará su funeral.

         Ha cedido el citado Antonio Jesús a las pretensiones del “quinteto de la muerte” cuyos miembros son Alejandro Rojas-Marcos, Luis Uruñuela, Miguel Ángel Arredonda, Diego de los Santos y Antonio Ortega.

         En esta terraza, desde la que escribo esta triste necrológica andaluza, estuvo sentado Alejandro durante diez o quince días en los que permaneció en este viejo apartamento, que me pidió, para pensar, corría el año 1982, qué hacer con la Secretaría General del PA.

         Dimitió de dicho cargo, pero no lo hizo en realidad pues siempre manejó los hilos del partido que había creado y que ahora ha enviado al crematorio; si decidió durante su estancia cercana al ficus, ya destruido por un cruel tractor, ser alcalde de Sevilla y día a día, mes a mes y año a año realizó una gran campaña hasta llegar a convertirse en el Gran Regidor de la ciudad que se basta a sí misma, como también lo fuese Luis Uruñuela en el año 1979 y el PSOE, sorprendido ante el adversario emergente se propuso, y lo consiguió, acabar con el David andaluz.

         Alejandro ha sido el máximo responsable de la digna eutanasia del Partido Andalucista, y lo afirmo porque no tuvo los arrestos necesarios para ser, al menos una vez, candidato a la Presidencia de la Junta de Andalucía, convirtiéndose, por ello, en el único líder regionalista -jamás fue nacionalista- de España que no se presentó, por cobardía, a intentar ejercer de Presidente de la Junta de Andalucía.

         Ahora, cuando él y el resto del quinteto de la muerte han conseguido que el PA se haga el haraquiri, su obra pasará a la historia de Andalucía como la mayor de las cobardías políticas de la contemporaneidad.

         Tan sólo queda a los idealistas andaluces que seguimos creyendo en Blas Infante seguir gritando en la oquedad de la soledad aquel ¡Viva Andalucía Libre! que Blas Infante pronunciara cuando el 11 de agosto de 1936 fue asesinado en la cuneta del kilómetro 4 de la carretera Carmona-Madrid.

         Si existe algún osado que siga creyendo en el Ideal andaluz que me llame, pues a pesar de mis años, que pesan cantidad, tengo los reaños suficientes para echar una mano a cualquier proyecto que reivindique un “Poder Andaluz”.

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