miércoles, 5 de agosto de 2015

El President



Son demasiados los años transcurridos de la mañana aquella que junto a Manuel Ruiz  tomaba un café en la Pastelería Ramón de la Plaza del Arenal de Dos Hermanas, lugar donde Los Amarillos aparcaban y tenían su salida para Sevilla; Manuel tenía que desplazarse a “la ciudad que se basta a sí misma”, y como el autobús estaba a diez metros de donde conversábamos de Diego Puerta y Paco Camino, Manolo, una de las personas más educadas que he conocido, me dijo: “perdona, Pepe, pero voy a preguntarle al conductor a qué hora tiene la salida”.

         Dicho y hecho, preguntó al uniformado personaje y este le contestó que él no era el conductor sino el supervisor. Manuel, dirigiéndose hacia mí, y atizándose los dedos índice y corazón con una inusitada fuerza me gritó: “Pepe, es el supervisor”.

         Camuflado entre una riada de nombres que van desde Romaveda a Pep Guardiola, pasando por Forcadell, se encuentra el President Artur Mas jugando a no sé qué e introduciendo a España en un laberinto, como si ya no tuviésemos varios, para jugar al despiste y a la desunión entre una amalgama incomprensible de rectificaciones, ratificaciones y sonrisas a destiempo convocando unas elecciones que él llama plebiscitarias pero que no ha tenido los bemoles suficientes para para denominarlas así en la publicación del Boletín de la Generalitat, no sea que el “maltratador” de Cataluña y “productor” de todos los males que asolan a España, el presidente Rajoy, fuese a impugnar el hecho ante el Tribunal Supremo de Justicia o el Constitucional.

         Me imagino a dos abuelos, más o menos de mi edad, rebuscando entre las papeletas de votos al nombre del señor Artur para votarle e irse a su casa muy tristes por no encontrarlo o dar un respingo como mi amigo Manuel, gritando alborotados: “Mira Pilar, es el President”.

         Ya tiene este hombre, que elección tras elección va perdiendo votos, ganas de joder la marrana a españoles y catalanes que se sienten españoles jugando al escondite electoral, mientras comienzan a soltar amarras catalanas algunas empresas y varando en otros territorios españoles.

         En realidad creo que está algo tocado de la chorla y con ganas de provocación y greña añadida que, a buen seguro y viendo los derroteros que la “cosa” va tomando, pudiera suceder.

         En fin, confiemos en que un acto de responsabilidad pueda parar el desaguisado, ya que en caso contrario será la Justicia la encargada de hacerlo y esto, especialmente en este caso, siempre trae vencedores y vencidos, y creo que no estamos en este jodido mundo para jugarnos el tipo, sino para ser un poquitín felices.

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