lunes, 17 de agosto de 2015

De la Sexta, Teresa Porras y las bragas



El final de la tertulia “Al rojo vivo”, de La Sexta, ha cerrado hoy con una noticia de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, a la que he prestado una gran atención, pues aunque melillense de nacimiento, Antonio Hernández, Premio Nacional de Poesía, con motivo de la publicación de un libro de mi autoría, “18 horas con Tejero” -visión muy personal del golpe de Estado del 23-F, que viví con todos y todas l@s de la “casta”- me definió en “El Mundo” como “un malagueño nacido en Melilla”; es por eso que puse mis deteriorados oídos en máxima sintonía.

         Resulta que Málaga no está de feria, sino de ferias, hecho que no ocurre en las dos ferias más célebres a nivel mundial, a saber: la de Pamplona y la de Sevilla; quiero decir, para que se enteren bien los tertulianos que asisten a la Sexta al enaltecimiento de la izquierda y al desmantelamiento de la derecha, que en Málaga existen dos ferias al mismo tiempo, pero en distintos lugares: llamada una la del día y otra la de la noche, la primera se celebra en pleno centro de la ciudad, o sea, en la coqueta calle Larios que es un primor, y la segunda, la de la noche, se festeja en el Real de la Feria.

         La eficaz edil de Ferias y Servicios Operativos Teresa Porras ha realizado unas declaraciones duras pero reales, deseo creer que más en su condición de responsable de los citados “servicios” que como concejala de Cultura, que tampoco es moco de pavo; lo dicho es que ella ha visto “el pasado año a chicas con las bragas en las manos y a ellos, a los mozos, con el torso desnudo”; rápidamente la oposición malacitana, es su “deber”, se ha tirado al cuello de la edil para pedir la dimisión, petición de cese al que se ha sumado con inusitada rapidez la Delegada de la Junta de Andalucía de “Violencia de Género” que ha confundido las churras con las merinas y que ha faltado al respeto a la concejala malagueña del PP.

         Pues bien, más claro no lo voy a poder decir, la Feria llamada de “día” que conozco es un enorme botellón tomado por un gentío, sálvese el que pueda, que entre 35º y 40º grados de temperatura consume todo el alcohol posible que, forzosamente tiene que desalojar, me refiero al alcohol, en bares, esquinas, corros de personas y allí, justamente allí, donde usted, querido lector, no puede imaginar, dejando una peste que no hay dios que la aguante, a no ser que se refugie en “El Chinitas” de mi amigo Roso y, acto seguido, se pegue un par de duchas.

         Por la abolición de la llamada feria de día: Todo honor y gloria a Teresa Porras que se ha atrevido, a pesar del mundo de las Peñas, a decir una verdad como un templo y que yo, en uso de la libertad, intento expresarla como “la Manquita”, o sea, como la Catedral de Málaga.

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