martes, 21 de julio de 2015

Pep, Forcadell, Casals, Artur y Oriol





Que Pep Guardiola, excelente jugador y magistral entrenador de fútbol, haya apostado por prestar su nombre y currículum a esa extraña candidatura catalana e independentista no tiene más importancia que la que cada ciudadano quiera darle; por cierto que el señor ministro de Interior le ha otorgado la máxima y, de paso, lo ha puesto como un señor que presta su honra al servicio del buey de oro.

     No es este el camino para hacer frente a la locura soberanista de Artur Mas, sino aplicar la Ley en vigor; y aunque no ganase en septiembre la candidatura que cierra Pep y encabeza el ecologista Raül Romeva, exeurodiputado y miembro que fue de ICV, seguido por las señoras activistas Forcadell y Muriel Casals, militante esta última del histórico histórico PSUC, las cuales anteceden a los irreconciliables enemigos políticos Artur Mas, casta de la más pura derecha, y Oriol Junqueras, republicano de izquierdas e independentista, el lío está servido.

     A partir de ese puesto que ostenta Oriol, toda una serie de personajes de políticos profesionales de segundo orden y la posible incorporación del cantautor Luis Llach forman el órdago independentista al “candado del 78”, la vituperada por muchos Constitución Española.

    Mi perdón por adelantado para los no iniciados en política porque, casi con toda seguridad, los tres párrafos anteriores son de difícil comprensión; pero para entendernos mejor intentemos hacer un ejercicio de sencillez, algo que es de difícil ejecución por mi parte. En realidad se trata de unas elecciones autonómicas como las andaluzas, pongamos por ejemplo, pero con la salvedad de que si esta lista, la de Pep, ganase las elecciones, el señor Mas, cuarto en la lista, proclamaría, desde la balconada mayor de la Generalitat, la República Independiente de Cataluña y se autonombraría Presidente de la misma.

     Y a partir de ese instante se armaría la “marimorena” a causa de unos pocos o tal vez muchos iluminados que, saltándose el orden vigente, nos harían una pedorreta política.

      Rajoy, también Sánchez, y puede que hasta Pablo Iglesias, es un decir, se encontrarían con un problemón de mucho cuidado, y no digamos nosotros que en todo este tinglado, y en otros muchos, parece que no pintamos nada a pesar que la Constitución consagra la unidad de la Nación Española.

     No se trata de alarmar, pero sigo preguntándome si hay que poner el parche cuando ya la herida se abra o antes de que ésta se inicie. El “candado del 78” tiene soluciones para esta clase de problemas que, por cierto, la famosa II República las puso en ejercicio.

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