miércoles, 1 de julio de 2015

La piscina de Conejo





La verdad, una palabra difícil de convertirla en realidad, es que un servidor de ustedes y de los otros se enteró la pasada noche, por antier, de la noticia de la ya o presunta imputación del señor Conejo, esforzado militante del PSOE encumbrado a número 3 de la ejecutiva de la Presidenta Susana, oh Susana, a través de El Confidencial Digital, pero no me pareció oportuno adelantarme a la llamada “caverna” mediática para no echar más fuego al muro de lamentaciones de este ilustre malagueño que soñaba con ser Presidente de la Diputación malacitana y quedarse, cuestión de urnas, en sencillo pero fugaz látigo de don Elías Bendodo, “presi” del PP malagueño y con toda probabilidad presidente de la entidad supramunicipal si se consolida el pacto de Ciudadanos de Juan Cassá, hombre, por cierto, llamado a grandes heroicidades.

         Si fuese cierto lo que dicen los agitadores de la paz social, los “peperos” de la leche, el señor Conejo será llamado al orden por Cassá, entre otros, para que entregue su acta de diputado provincial en virtud de los acuerdos del señor Rivera y la señora Díaz.

         Si así fuera o fuese, quien escribe estas torpes líneas, el menda, no se alegraría lo más mínimo durante esta ola de calor que nos sacude a toda leche a pesar de los ventiladores puestos en marcha para alivio pasajero, y no me regocijaría en la vergüenza ajena porque sé, de primera mano, todos los esfuerzos realizados por el señor Conejo desde su más tierna edad para alcanzar, si no el estrellato, sí un puesto de envergadura en el ir y devenir del socialismo andaluz y, más concretamente en el malagueño.

         No voy a entrar en detalles de la causa que ha venido a perturbar el orden y la paz política de Málaga, porque sé que todo es debido a una piscina que se ha montado en su chalet del Rincón de la Victoria sin, al parecer, ese inmenso papeleo que lleva consigo tal concesión.

         Es por ello que, debido al tiempo transcurrido desde que Conejo se zambulló en la dichosa piscina, si es que llegó a realizar la inmersión, lo dejen en paz por una cosilla de nada y que, al parecer, todavía no está del todo probada.

         Sirva este sencillo “copo” no de petición de perdón hacia el señor Conejo, sino más bien de súplica de que todo se olvide para que tengamos la misa, la piscina, en paz y disfrute de ella que se lo tiene bien merecido.

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