viernes, 10 de julio de 2015

El nuevo orden mundial



         
 Todos se miran de reojo; nadie se fía del otro. El nuevo orden mundial está triunfando: “lo siento, yo tengo mis problemas”. Un abrigo de pieles puedes comprarlo en veinticuatro meses. Hay una niña que llora. Los intelectuales, si los hay, permanecen en silencio (por favor, no confundir intelectual con enciclopedia parlante). Duerme la intelectualidad y con ellos, la ciudad. La niña, no; la niña tiene los ojos muy abiertos.

         La tela de araña nos cubre. Somos cómplices del sistema del desamor. Nos interesa más una norma que un beso, un perrito caliente que un pan con aceite de oliva, un televisor que un buen libro, un halago que una crítica, un euro que Dios, un polvo bastante más que la construcción del amor  y una pistola, más que la libertad.

         Intento cerrar la puerta de la vanidad, mientras otros abren las de la solidaridad con arrullos de música de celestes violines. Deseo seguir siendo incombustible, aunque algún majadero vaya diciendo por ahí lo contrario, a la hoguera de las vanidades; deseo ser, y lo voy consiguiendo aunque esté cuestionado por preguntas del estilo: ¿estás mal?, ¿qué te ocurre?, ¿no sales?

         Suena un silbato. La niña de la lágrima petrificada ha sido retirada de la esquina; molesta al sistema, al nuevo orden, aunque la mano sigue extendida.

         Pero yo sigo buscando a la niña que dejó de serlo; me interesan sus ojos de asombro porque éste, el asombro, ya no existe ya que han milimetrado nuestra existencia hasta que han conseguido enterrar a la vida.

         Ahora todo se sabe y ya nada causa asombro, perplejidad, cuestionamiento; nadie camina al encuentro del otro o viceversa: Orwell ha vencido: la máquina humana está bien engrasada para buscar vacuos oropeles.

         Y sigo preguntándome por los ojos de aquella niña que dejó de serlo; responde tú, hombre o mujer que te dedicas a instaurar un nuevo orden mundial donde la inocencia ya no exista.

         En fin, me quedaré con su mano extendida; seguro que su roce me hará más humano.

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