jueves, 23 de julio de 2015

De promesas, juramentos, cruces, bustos y toros





Que ¡viva España! y no se hable más, con perdón. Y que viva la semana santa y la pecadora, y todos contentos, pues mira que la alcaldesa Carmena ha ido al Vaticano para disertar sobre la causa última del porqué el personal se va de putas, al tiempo que alguien del Partido Popular ha jurado por Jesucristo crucificado y sus santos apóstoles que va a ser un tío decente en su función política, mientras otro promete que va a intentar conseguir que la justicia y la dignidad sean los parámetros por los que usted, yo y mi vecino del quinto caminemos hacia la felicidad.

         Si es muy fácil, el gachó que manda pregunta a sus subordinados si juran o prometen cumplir con sus obligaciones y el siervo, según examen de conciencia, nada más tiene que largar: “juro” o “prometo”; pero que va, pues para algunos es el momento de pasar a la historia diciendo aquello que nadie espera escuchar, y así nos va.

         Que ¡viva España! y no se hable más, con perdón. El tema fuerte de este país son las corridas de toros, una chica de Alicante que lanza definiciones de autoestima afirmando que es lesbiana y animalista, y un alcalde del PP que tilda a una adversaria de puta barata.

         Y aunque un servidor, créase o no, tan sólo ha asistido en una ocasión a una corrida de toros, no ve con claridad que gran parte del problema nacional sea la muerte del toro bravo a manos del matador, por ejemplo aquel mítico Manolete al que ahora, cuando han pasado unos pocos días de su muerte, algunos desean que se retire la placa que con su nombre se conoce a una calle madrileña, por eso digo una vez más que ¡viva España! y la madre que nos parió, pero eso sí, o sea, que los canarios, me refiero a los pajaritos, no los encierren de por vida en una jaula con barrotitos de oro.

         ¡Ay padre de mi alma!, que bien lo pasábamos cuando algunos veranos íbamos al trofeo Ramón de Carranza de la ciudad donde ahora gobierna el Kitchi y que no sé qué nombre quiere ponerle ahora al mítico trofeo veraniego; pero así, querido papá, se van a arreglando nuestros problemas, y es por ello que grito ¡viva España! y Mágico González.

         Y va Felipe VI, serio pero que muy serio, a Barcelona, y la alcaldesa Ada Colau no tiene otro arrechucho que quitar el busto del padre del actual Rey; pues espere usted a mañana y no sea mal educada, aunque sea la mejor alcaldesa del mundo mundial.

         Pues claro que esto, España, tenía arreglo.

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