lunes, 27 de julio de 2015

Adios, amigo ficus.



He recorrido cerca de 400 kms para, entre otras cosas, observar, mientras escribo, al ficus que me ha acompañado durante décadas en esta pequeña y sagrada terraza que tantos recuerdos sostiene en su umbría; pero el ficus ha desaparecido de raíz porque sus raíces buscaban y buscaban la humedad necesaria para que sus bellas hojas formaran parte de este íntimo sagrario que nadie conoce.

         Y en esta sequedad terrible me tienen ustedes intentando que mis raíces no se sequen mientras profundizo en mis entrañas, al igual que el ficus lo hacía en su búsqueda constante, para encontrar el maná de la inspiración y poder transmitir lo que siento.

         Siempre, durante años, intenté escribir un poema sobre él y su intento de penetrar y penetrarme para acompañarme y servir de silencioso amigo que me deseaba; nunca lo conseguí, pero es posible que en el transcurrir de este espacio de tiempo que pasaré en el lugar “donde el viento silba nácar” lo pueda conseguir en su definitiva ausencia de muerte, pues es en el filo de lo imposible cuando reverdece realmente la presencia del ausente.

         Es cierto que ahora puedo contemplar más espacio del celeste cielo que viene a ser, con algunos matices, el mismo que se pueda observar en cualquier paseo vespertino que se realice o, lo que es peor, veo, aunque no observo, la ropa tendida en los chalets que antes, gracias a él, no llegaban a mi vista.

         Antes todo era verde resplandeciente, tal vez fue por ello que mi compañero canario Limón, el que cantaba todos los palos, el día que limpiando su jaula cometí una torpeza, escapó buscando la libertad y fue a posarse en la bella patena verde de una hoja del ficus que lo acogió para siempre de acompañante.

         Ahora, cuando todo es desierto de canto y verde que me daban vida, contemplo la oquedad que mis dos amigos han dejado en mi espíritu y vista, pero desde esta soledad que solamente yo vivo, percibo que todo sigue igual porque así me lo imagino y ella, la imaginación queridos amigos y amigas, no sabe de ausencia sino de resurrección.

         Y aunque alguna pequeña lágrima pueda brotar desde la humedad de su amistad, seguirán acompañándome porque así lo deseo.

2 comentarios:

  1. Todas esas pérdidas, amigo, no llegarán a ser tales hasta que las cubra el tapiz del olvido. Un abrazo.

    ResponderEliminar