sábado, 20 de junio de 2015

Verano 2015




Hoy, por mañana, comienza oficialmente el verano; este periodo de tiempo es un auténtico infierno en el sur de España y en buena parte de su territorio. No goza de la sutileza del otoño, tampoco de la intimidad del invierno y casi nada de la resurrección de la primavera; precisamente por ello, o sea, por no tener cualidades aptas para trabajar el que pueda, es el elegido por la mitad de los españoles para tostarse en las playas o largarse a la montaña en plan explorador; la otra mitad, o parte de ella, es la que consigue trabajo eventual en bares, chiringuitos, restaurantes y hoteles para  que los afortunados puedan tener a mano una refrescante cerveza acompañada de una sardinas a la plancha o un buen plato de gambas blancas, aunque esto, hay que reconocerlo, se da menos por la crisis y el miedo a consumir, hecho que se comprueba fehacientemente con la cantidad de neveras portátiles que se acumulan en los sitios de ocio.

         Los abocados a no disfrutar de quincenas o meses vacacionales es la clase política, ya que a la vuelta de septiembre y, lo más seguro, en pleno otoño, nos veremos sacudido por la pleamar de las elecciones generales en las que probablemente se juegue un nuevo futuro para España.

         Es por ello que aquellos pocos, un servidor se encuentra entre ellos, que disfruten hablando o escribiendo de política tendrán un verano más entretenido con chácharas sobre el momento social y político de nuestra nación; todo ello entre alguna que otra partida de dominó, una buena lectura (ya saben, lo mío es Pessoa) y alguna discusión más que acalorada tanto por la canícula como por la pasión que se le eche.

         Sé que lo mío interesa muy poco a usted, querido lector o lectora, lo sé muy bien porque ni yo mismo me intereso por mí, pero a pesar de ello si les prometo que seguiré escribiendo el “copo nuestro de cada día” porque sin él, sin su complicidad para exteriorizar lo que pienso, ya no podría vivir.

         Eso sí, al menos una partidita de dominó mañanera y el deseo, incumplido hasta la fecha, de materializar, con unas breves notas irónicas, las vivencias de un españolito de a pie.

         Veremos si lo consigo, pues siempre la modorra se ha apoderado de mí y todo, incluido el deseado proyecto, se lo ha llevado la “caló”.

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