martes, 23 de junio de 2015

La dispersión de los etarras




En la revista inglesa New Left Review, el líder de “Podemos” afirma que es una tragedia nacional que todavía existan 400 o 500 presos de ETA en cárceles alejadas del País Vasco; Errejón, el del tuits intelectual que fue pillado en la concesión de una buena beca de la Universidad de Málaga de manera irregular de principio a fin, defiende a su jefe, es lo lógico, diciendo que se castiga a los familiares.

         Para acabar con la polémica suscitada se podría hablar de las “otras” familias, ya saben, pero sería llevar el debate a su terreno, o sea, al de las víctimas.

         Y no es de eso de lo que se trata, sino que esa decisión del “régimen del 78”, los de la “casta”, a los que me honro en pertenecer, es política y no carcelaria; mejor dispersos que juntitos y bastante más eficaz en Melilla, es un supuesto, que cercano a sus compinches, que no me refiero a sus familiares.

         Son numerosos los presos etarras que todavía no han pedido perdón o han dado señal alguna de arrepentimiento ante los crímenes perpetrados contra la ciudadanía española en sus distintas acepciones: militar, policíaca, guardia civil, políticos, jueces y santos inocentes.

         Hasta desde las cárceles, en especial si están cercanas, se puede refundar de nuevo ETA, y de hecho parte de los más “duros” son los que se encuentran todavía en prisión; es cierto que sus familiares no son culpables de los crímenes que cometieron hijos o padres, pero no lo es menos que los otros familiares, los de los asesinados, tampoco lo son.

         Existe paz ahora y eso es buenísimo, pero cuando las armas de los que quedan siguen en poder de algunos desalmados el peligro siempre seguirá latiendo en la nuca de cualquier ciudadano de bien.

         Los presos etarras están purgando los crímenes cometidos, tan sencillo como eso; lo otro, la compasión de Pablo Iglesias ante lo que él llama “tragedia nacional” es algo que no se mantiene en pie en ningún estudio de lucha contra el terrorismo.

         Usted, señor Iglesias, a lo suyo, o sea, al asalto del “cielo”, y una vez en él reparta bendiciones y absoluciones, pero antes llegue al poder aunque sea jugando políticamente con los sentimientos que critica por doquier.

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