martes, 2 de junio de 2015

El niño mimado



Albert Rivera, líder de Ciudadanos, se ha convertido en el político más solicitado y mimado de todo el espectro político; y él lo sabe y se hace querer como nadie.

         De aquel chico que mostró parte de sus intimidades en una campaña catalana hasta el actual político que desea subir el precio del pan y de la leche si llega algún día a gobernar ha pasado muy poco tiempo, pero ahí está con sus hechuras de niño bien parecido y jugando a liberal y socialdemócrata siendo rifado por el dúo de la casta, a saber: Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, a los que escucha en sus peticiones de pactos en ciudades y comunidades autónomas sin parpadear y dejando contento a uno y otro sin que todavía haya inclinado su favor claramente hacia alguno de ellos.

         Como todo apesta a corrupción en el dúo de la casta, me dicen que va con un buen desodorante a las reuniones que usa una vez que termina el rosario de peticiones a que se ve sometido para “salvar” a España de los chicos y chicas de “Podemos” y de esa amalgama de ciudadanos que se han presentado con ton, pero sin son, bajo el paraguas escondido de Pablo Iglesias.

         Él se sabe llave para abrir o cerrar gobiernos municipales y de comunidades autónomas, y de acomodador para sentar a unos y otros en el cielo del poder o en el infierno de la oposición; y juega con esos instrumentos para que los líderes de los todavía grandes partidos bailen al son de la sardana o por sevillanas según convenga.

         Este forcejeo por alzarse con las ansiadas moquetas del poder es lo que han votado la gran mayoría de españoles que ahora, algunos alzando preces al cielo y otros a la espera de lo que acontezca, esperan el final de este vergonzante pero necesario amorío para saber a quién votar cuando lleguen las elecciones generales previstas para los tiempos de mantecados y polvorones.

         Administrando su tiempo con sabiduría y sin prisas, Albert sabe que le quedan pocos días para deshojar la margarita de “si con este o si con el otro o si con los dos”, repartiendo trozos de poder para preparar su posible asunción, que no “asalto”, a los cielos de la Moncloa.

         Mientras esto ocurre, Tania Sánchez, con voz grave y cierta gallardía, va explicando de tele en tele y de radio en radio, la ignominia que con ella han hecho por haber sido imputada; no es para tanto, al fin y al cabo es una más de entre los sospechosos.


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