jueves, 18 de junio de 2015

Aprobé




Cuando a Gaspar Llamazares, buen perdedor, le han endiñado de mala forma con algo que no se sabe muy bien qué es y el señor Lleida ha roto con don Artur Más, resulta que hoy he aprobado a pesar de la edad y todas esas idioteces que algunos, también algunas pero en menor medida, llaman chochez.

         Y es que el carnet de conducir que me puede llevar a la sombra del ficus más maravilloso que existe en este embolado que al personal le ha dado en llamar paraíso, en combinación con un viejo Toledo de veinte años de vida, lo tenía caducado.

         Así que hoy, tras una fideuá acompañada de unos bellos langostinos y por esas conchas, que aquí por Málaga -ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia- conocemos por “finas”, me he encaminado a aligerar ese penoso peso de examinarme para poder revalidar que soy capaz de conducir, que no de conducirme, ese cachivache por las carreteras de esta amada Andalucía, lugar del que he prometido en lo que me queda de existencia no salir, porque aquí, querido Yasser se vive como en ningún sitio, y si no que se lo pregunten al alcalde de Baena, PSOE, que a pesar de la crisis se ha subido la “tostada” en unos 8.000 machacantes para hacer frente a los gastos de este verano que nos tiene casi agazapados a la umbría de la brisa de levante.

         De manera que me encaminé a unos de esos centros que otorgan la renovación del carnet de conducir, nada que ver con las famosas ITV de uno de los hijos de Pujol que se dedican a zarandear a los viejos vehículos para desguazarlos del todo.

         Clic, la foto, perfecta y mejor, mucho mejor que el original; después el doctor y las consabidas identificaciones de las letras que, una a una, fui deletreando: C-A-P-A-C-I-D-A-DA: sobresaliente.

         ¿Usted bebe?, agua, por supuesto: fenomenal; ¿escucha bien?, mire doctor, le dije, “mi madre que era algo “teniente” me dijo en una ocasión que no existían personas sordas sino personas que no hablaban como usted, o sea: le escucho perfectamente; algún problema: “de amor, inmensa cantidad pero del resto nada”; pues lo veo fenomenal y capaz de conducir; gracias doctor, le dije.

         Pues creo que está usted habilitado para seguir conduciendo, me dijo; y le contesté que un servidor también lo ve igual. Aprobado con nota; fenomenal, comenté.

         Salí huyendo y me tomé un par de vasos de agua color amarillo, al tiempo que compré unos cupones de la ONCE terminados en 7. Y aquí estoy, delante de sus señorías para decirles que me he sentido inmensamente feliz.

         Ya huelo el ficus, su umbría y aquella hermosa rubia que, día tras día, durante la mitad de julio y todo agosto, me ama sin saberlo ella y sin creérmelo yo del todo.

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