viernes, 29 de mayo de 2015

No lo duden: la cama




El Delegado del Gobierno de la Comunidad de Valencia, señor Serafín Castellano, ha sido detenido y está siendo investigado por presunta corrupción, hecho que ha llevado al Consejo de Ministros a destituirlo fulminantemente de sus funciones como era de esperar; faltaría más.

         Serafín, en el uso normal de sus neuronas, recibió una escopeta de caza como regalo, y no con esa, pero sí con otra escopeta, no sé si recortá, algunos medios de comunicación y lógicamente la oposición están apuntando al presidente Mariano Rajoy para exigirle su cese.

         La causa es bien simple, los delegados del Gobierno de España son nombrados en Consejo de Ministros mediante un Real Decreto a propuesta de su Presidente, en este caso el señor Rajoy; es por ello que se solicita la dimisión del Registrador de la Propiedad en comisión de servicios. Y se está en el legítimo derecho de pedirla, aunque el PP puede ahora sacar pecho y, aunque no llegue a ser igual, puede presumir de tener, o haber tenido, un Luis Roldán en sus filas; es por ello que creo que el personal cualificado del PSOE no debe meterse en muchos berenjenales de exigir responsabilidades por aquello de la prisión de Guadalajara, ya saben, el ministro Barrionuevo, Luis Vera y más gente pringada.

         Anda nervioso, muy nervioso, el Partido Popular ante la avalancha, esta es la última, de presuntos y no presuntos “chorizos” en sus filas; lo que faltaba es que Luis Bárcenas, el ex tesorero que tiene no sé donde una pila de millones de euros evadidos, haya solicitado, para más inri, su reingreso en el PP al que creo, pienso, no accederá a sus deseos, aunque en esta España, que no es la del “régimen del 78”, todo es posible que ocurra.

         Mientras tanto la ex ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, establece en unas declaraciones un cierto paralelismo nostálgico entre Ada Colau y Podemos con Le Pen y el Estado Islámico, este último, por su “amor” hacia Al-Andalus; todo ello lleva, sin remisión, a engordar el talego de votos de Podemos y de todas esas agrupaciones ciudadanas que pululan por nuestros barrios y plazas.

         Ya me decía personalmente, allá por los tiempos de la construcción del famoso “candado” constitucional, el mismísimo Santiago Carrillo en la cafetería del Congreso de los Diputados que el personal político estaba muy nervioso, y que dicho estado anímico tan sólo podía arreglarse “haciendo el amor” en la cama o con valium 10.

         No lo duden, señores y señoras públicas del PP, es mejor, de todas todas: lo de la cama.


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