jueves, 7 de mayo de 2015

Más dura será la caída




            Qué extraña seducción debe tener el poder cuando tantas “puñaladas” se reparten unos y otros para alcanzarlo; y es de tontos y tontas que una vez instalados en la cúspide del mundo observen a los demás, los que se creen poderosos, con los prismáticos al revés como si fuésemos enanos.

         El poder por el poder para romper la amistad o alcanzar metas, basándose en él, creo que es una de las mayores idioteces concebidas por inútiles para sacar pecho y creer desde la cumbre, de lo que creen su mundo, salir adelante con proyectos de falsos humanismos que bien podrían definirse como lo absolutamente contrario, o sea, puro egoísmo para creer que la batuta del mismo, del poder, es la varita mágica que hace que lo malo parezca bueno, pongamos por ejemplo la sosa poesía por mucha música con la se intente aderezar lo inservible.

         En “Más dura será la caída”, gran película dirigida por Mark Robson en 1956 e interpretada por Humphrey Bogart y Rod Steiger, se narra la carrera fulminante de un boxeador con mandíbula de cristal hacia el estrellato de mano de dos periodistas hasta que se estrella de verdad; digna de ver para no vivir el sobeo de unos desaprensivos.

         Con el paso del tiempo uno va comprendiendo que tan sólo los inútiles o desaprensivos se valen de él, del poder, para alcanzar lo que por el propio esfuerzo es imposible. Ese paso del tiempo puede durar un año o un siglo, pero a veces tan sólo veinticuatro horas -lo que se tarda en despertar y dormir- es suficiente para comprobar que el afán por alcanzar el figurar para valerse de él puede ser suficiente para arrepentirse de un paso dado por el “malo” de la película real y caer en la cuenta, que no es lo mismo que darse cuenta, que dichos sujetos nunca fueron merecedores de un minuto de amistad real.

         Y así la “chica de Graná” o el “gohete de Córdoba” o “el hombre bondadoso” han alcanzado cotas que ellos creen una victoria, epopeya o hazaña cuando en realidad se han valido de la confianza depositada por otros para ser presidente de esto, vicepresidente de aquello, consejero de muchos y secretario de todo.

         Enhorabuena por la hazaña conseguida y gracias por ser borrado como amigo de vuestros deseos y ambiciones; pero no olvidéis que más dura será la caída.

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