lunes, 18 de mayo de 2015

Llorar "porquesí"





Todos quieren que se evapore el hálito que da vida a mi ser. Los hombres y mujeres que me rodean, que me acosan, me aconsejan que no cometa ninguna “locura”, que “mida” los pasos, que cambie de actitud, que no haga sufrir a nadie, y nadie comprende mi “locura”.

         Me ven “raro” y no quieren verme “raro”. Estar “raro” para ellos y ellas es estar abierto a la sorpresa que salta en la monótona existencia de cualquier ser humano.

         Hace un día maravilloso; tan lindo que lo voy a vivir con intensidad de amor. Durante el día de hoy no simularé amor, sino que mi ser va a desprender toda la energía que un cuerpo en tensión de amar pueda conseguir.

         Quiero al día y a la noche, quiero lo concreto y lo universal, quiero que se siga notando que estoy enamorado. Anoche volví a llorar. Ni fueron dos lágrimas las que brotaron de mis cansados ojos, sino un torrente tan fluido como silencioso; lloré por mí.

         Nadie podrá comprender el sentido de mis lágrimas, pues nacen en el instante que elevo mi pensamiento hacia la felicidad que me está prohibida. Lloré, y mientras lo hacía comprendí lo hermoso que es llorar de amor a la vida que se va.

         Suspiré una y mil veces, y en cada suspiro un mensaje de esperanza dañado por la razón se escapaba a los confines del misterio.

         Mis lágrimas me producen bienestar y apaciguan la tormenta que los hombres acosadores y plenos de deseos de poder crean alrededor de la verdad con un círculo demoníaco de mentiras.

         Estoy dejando correr la pluma al ritmo de mi sentimiento y este salta de la luz a la oscuridad.

         Cuando se enciende la luz, todo es un lindo amanecer, una vida plena, un río de alegría, una búsqueda de la perla, la oveja o el dracma.

         Al desvanecerse la luz, la vida se convierte en una tremenda perplejidad ante la opresión de los que dicen luchar por la solidaridad y duermen plácidamente en la oscuridad del deseo del poder.

         Es por ello que tendré que vivir los “hoy” que me queden desde la perspectiva de ser el último de mi existencia e ir perpetuando cada instante.

         Ellos y ellas desean que finja y yo seguiré llorando.

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