domingo, 31 de mayo de 2015

La sonrisa y la pitada




Las dos cosas estaban previstas en la final de la Copa del Rey: la victoria del Barça y la pitada al Himno Nacional de España por parte de numerosos seguidores de los equipos en contienda; de manera que casi a nadie nos cogió por sorpresa.

         Lo que si fue sorpresivo para los aficionados al fútbol fue la magia de Messi al bordar su primer gol, algo nunca visto en los terrenos de fútbol; así como tampoco la sonrisa orgásmica de Artur Mas, captada por las cámaras de televisión, por  la sonoridad del insulto a un símbolo a España ante la inmutable realeza de Felipe VI; siempre ha existido eso que llaman clase, en este caso la de Messi y Felipe VI o viceversa.

         Los gritos de “puta España”, los signos de cuernos con los dedos apuntando a la tribuna oficial, el reparto de silbatos y los niños, pobres chavales adoctrinados por insurrectos, los niños, decía, pitando al igual que sus padres fue un espectáculo, no ya antipatriótico, sino bochornoso y vergonzante de cara a los millones de espectadores que a nivel mundial estuvieran viendo la final a través de sus respectivos televisores, me refiero a ellos porque nosotros ya estamos acostumbrados a ello.

         Un mínimo de cortesía política, si es que la política tiene algo de cortés, debería de haber impedido la visión de plena satisfacción de Mas ante tan lamentable espectáculo ciudadano; vamos, para pegarle un par de bofetadas que hubiesen podido ser visionadas para nuestra satisfacción, a la que desde luego tenemos derecho como miembros de una nación centenaria.

         Un servidor que no es monárquico del todo ni tampoco republicano al cien por cien, sino perteneciente a una rara especie que podría llamarse “ciudadano libre”, estima que el mayor símbolo de la Corona de España es SM el Rey y que con su sola presencia ya se personifica a la Nación, un servidor, decía, cree que cuando jueguen los equipos pertenecientes a comunidades que en su mayoría son separatistas no deberían sonar los acordes del Himno de España, o bien echar a cara o cruz, por supuesto delante de un notario, quién es el vencedor de la final, y punto pelota.

         No creo que se merezcan más sus seguidores; lo malo es que nos perderíamos los milagros de Messi.

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