viernes, 1 de mayo de 2015

Juan Carlos Monedero




Entre Monedero y un servidor no existe, creo yo, la menor coincidencia y, sin embargo, en algún aspecto de su actitud ante el sistema de partidos me veo algo retratado.

         Corría el año 1977 y en calles y plazas se vivía el fenómeno encantador que la incipiente democracia iluminaba a la mayor parte de la ciudadanía; estaba instalado en mi escaño de UCD cuando el fenómeno emergente del nacionalismo andaluz brotó por tierras andaluzas. Todos queríamos autonomía para nuestro pueblo pero del mismo rango que para catalanes y vascos; por ello desde Los Corrales, pueblo sevillano, el Ayuntamiento y el cura Diamantino soplaron el fenómeno de la vía del artículo 151 para la autonomía andaluza. Todos los partidos se apuntaron al carro, menos UCD que apostó por la vía lenta de otro artículo constitucional y fue diciendo al pueblo andaluz que el plebiscito convocado por la Junta “no era nuestro referéndum”; opté por abandonar UCD y buscarme las “habichuelas” políticas por otros lugares después que hombres como Arias Salgado, Fernández Ordóñez, Abril Martorell y Adolfo Suárez intentaran convencerme para que me quedase en el partido centrista.

         Tras una estancia en el PSA-Partido Andaluz donde viví días de intensidad andalucista caí en la cuenta que era sujeto incómodo para tal colectivo; el histórico Miguel A. Arredonda me lo explicó de la siguiente manera: “Pepe tú eres utópico, y los utópicos no tienen cabida en los partidos políticos”; por ello fui declarado “incompatible con el colectivo” y me largué o me largaron.

         Los teóricos que intentan tejer un pensamiento político para dar cuerpo a una ideología son molestos para el sistema de partidos; es el caso de Juan Carlos Monedero que, aparte de sus líos con Hacienda, cree que la causa del nacimiento de “Podemos”, la indignación social ante la crisis, se está desdibujando por sus compañeros del Comité Central y se ha largado con viento fresco o le han invitado a que lo haga.

         Mi punto de vista es que hace muy bien; tal vez con ello el partido del líder Pablo Iglesias se modere e intente aclimatarse a la socialdemocracia para que no sea visto como un raro bicho que viene a construir una nueva idea política de España y, hasta es posible, que ello convenga a los intereses electorales de los de los “Círculos”.

         Lo que si es claro es que idea y disciplina no forman noviazgo y, mucho menos, utopía con realidad, o sea, con casta.

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