lunes, 13 de abril de 2015

SOS-Teresa Porras-SOS




         Bajo muy poco al Centro Histórico de Málaga, y cuando lo hago llevo una especie de disfraz para evitar ser reconocido, tener que pararme con el detective y dar explicaciones de la causa por la que me alejo del mundanal ruido de las vanidades y del estropicio del “me alegro de verte” y “un día nos tomaremos unas copas”.

         Me siento algo achacoso, expedidor de bichillos y la bulla, más de tres personas, me produce un cierto desasosiego del cual intento escabullirme con mis escritos -hoy han hecho 10.000 columnas escritas como el que no quiere la cosa-, mis “copos” blogueros y algún que otro poema que cuelgo en redes sociales y en mi sencillo blog.

         Leo algo, mejor sería decir releo, especialmente a Fernando Pessoa y a voces nuevas que cuelgan sus escritos en Fb. y similares. Cuido de ella, de la “pastora”, y ella de mí y así vamos dando paso a los días sin grandes pretensiones de apariencias trasnochadas.

         El hecho de titular este copo con el nombre de la eficiente concejala de los Servicios Técnicos del Ayuntamiento y reina de la Cruz de Humilladero es porque no tengo su teléfono y tal vez ella, o cualquiera de sus colaboradores, tenga una alarma que salta en su ordenador cuando se escribe su nombre.

         Si así fuera o fuese nos haría un gran favor a un pequeño grupo de vecinos que nos la jugamos en la esquina donde coinciden las calles Pérez Texeira y Peso de la Harina donde el acerado ha cedido de forma peligrosa y más de uno y una, un servidor entre ellos, se ha visto sorprendentemente por los suelos sin saber a ciencia cierta la causa, que es la que he narrado al principio de este párrafo.

         Ya sé que todo se arreglaría con retirarme un metro de la dichosa esquina, pero hay días, esencialmente noches, en que en el Gran Vía, bar que visito con frecuencia, se establecen discusiones sobre las votaciones que se aproximan, nos calentamos y bebemos un poquitín, nada más que un poquitín más de la cuenta, y se nos va el santo al cielo, o sea, se nos olvida la maldita esquina y más de uno ha tenido ya un pequeño tropezón, ese que cualquiera da en la vida, y me han elegido para que intente arreglar el desaguisado.

         Como no doy para mucho, sólo para escribir menudencias, he aceptado el reto y ya lo he cumplido.

         Gracias, Teresa.

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