viernes, 10 de abril de 2015

¡"Maricón" el último"!





         Ahí tenemos a Rosa Díez aguantando las tarascadas de los “suyos” y de los “otros”, también suyos, con su UPyD y unos pocos de fieles dispuestos, como los trescientos espartanos, a aguantar estoicamente las puñaladas que sean por defender su razón de ser: una España más justa.

         Algo importante: no soy de UPyD y jamás he votado lo que representan sus siglas, pero lo cortés no me exime de predicar su osadía a la hora de no integrarse o “juntarse” con la ciudadanía de Albert Ribera, el niño guapo de la política que parece desear que los españolitos sigamos viajando en las diligencias que asaltaba Diego Corrientes, en lugar de hacerlo en el AVE que nos comunica directamente con Francia, a través del terruño de Alberto, y que niega, por ejemplo, para tierras de Almería.

         A un servidor, que cada día observo en mi espejo tengo ciertas similitudes con el anarquismo, lo que le interesa en este “copo” de viernes tarde, antes de iniciar la partida de póker del sistema -llamo sistema a la reunión de dos o cuatro matrimonios, podemos dejarlo en tres, para echar un rato en “familia”-, es dejar claro como las “ratas” que conformaban buena parte del espectro de UPyD, huyen de él para buscar acomodo, poltrona y sueldo en las filas de Ciudadanos antes de que todo el patio de butacas esté repleto de aventureros y aventureras que desean vivir del cuento de nunca acabar.

         Amiga Rosa, bonito nombre repleto de espinas, aguanta lo que puedas para que todos y todas podamos ver como los nuevos políticos, incluyo al personal de Podemos, son algo parecidos, pero a la baja, con los de la casta y toda la lacra que arrastran.

         ¡“Maricón”, el último!, parece el grito dado en las filas de UPyD y auspiciado por los novedosos de Ciudadanos para salir pitando a por la migaja del dinero público y vivir a la bartola como auténticos dioses. (Lo de “maricón” entre comillas es para diferenciar bien a los mariquitas azúcar de los auténticos maricones o gays, hombres de bien).

         Asistimos a la vergüenza política que, en manos de la todavía diputada de UPyD Irene Lozano, puede asestar el último hachazo a la que un día fue llamada “Rosa de España” para después presentar en bandeja de plata su cabeza al elegante Albert Ribera.

         No lo consientas, Rosa: ¡a la calle con ella, con Irene!

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