sábado, 4 de abril de 2015

Incómodo, sí que fue




         Revolucionario no lo sé, pero incómodo sí que fue (si es que existió). Incómodo e inadaptable a este mundo, a esta sociedad: “mi reino no es de este mundo”, mundo en que, al igual que hoy, los valores que predominan son poder, prestigio y dinero.

         Fue súbdito de un gobierno teocrático (nosotros también lo somos aunque son otros los ídolos a los que adoramos). Fue un buen judío que gustaba de rezar en sinagogas y lugares sagrados, pero en los dichos y hechos que hablan de él (los evangelios) se narran momentos de oración en montes, desiertos, mares y entre olivos, parecía, pues, ser amante de la naturaleza.

         Era fiel cumplidor de la Ley de Moisés (“ he venido a que la Ley se cumpla”), pero tenía, eso sí, su credo particular. Todavía hoy ese credo sigue estando por estrenar. El credo oficial es otro, el que se recita en las misas.

         Subió a la montaña. Repartió algo de comida entre los necesitados y parece ser que nos dejó unas enseñanzas: que creía en los pobres, en los que sufren, en los no violentos, en los que tienen hambre de justicia y pan y en los que trabajan por la paz.

         Empezó a molestar a sus superiores religiosos, políticos y militares. Unas monedas o unos honores derrumbaron un ideal. Fue hecho prisionero y pasó legalmente por algo parecido al Tribunal de la Inquisición, fue declarado blasfemo por afirmar que era hijo de Dios, y por blasfemo condenado a muerte.

         El poder político legalmente constituido, una especie de Tribunal Supremo de Justicia, ejecutó la sentencia. El pueblo, ay el pueblo convertido en masa, confirmó la sentencia; ese mismo pueblo veinticuatro horas antes había gritado ¡hosanna!

         Una vez enterrado a cal y canto comenzó a circular una extraña noticia: su sepulcro estaba vacío; más tarde dijeron que había resucitado. Desde entonces se busca incansablemente por unos y otros, por amigos y enemigos pero sin saber a ciencia ciertas quiénes son unos y otros.

         Nadie da con él; se sospecha que puede estar entre los suyos, o sea, entre los pobres y demás. Ya saben.

         Se asegura que no se está entre oro, poder, tribunas y fusiles.

         Pudiera ser así

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