miércoles, 22 de abril de 2015

El pan nuestro de cada día





         “El Matías”, un personaje singular malagueño, daba sus famosos y populares pregones en esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia; durante uno de ellos, se hizo famosa la siguiente frase: “Araceli, échame un alfiler pero pínchamelo en un bollo para que no se pierda”.

         Y es que el pan, además de para Matías, es, hasta ahora, un elemento básico en la gastronomía mundial y, particularmente, en los más necesitados que, cuando piden limosnas, casi siempre añaden “que mis churumbeles no  tienen un trocito de pan para echarse a la boca”.

         Hasta aquel que algunos tienen por Hijo de Dios -me refiero a Jesús de Nazaret- “pero que si existió, mereció serlo”, según Ernest Renan, cuando fue reclamado por sus discípulos para que les enseñara a orar y fue creando aquello del Padre Nuestro, entre otras cosas dijo aquello de “…el pan nuestro de cada día dánosle hoy…”.

         Créanme si les digo que no tengo nada a favor ni en contra de Albert Rivera, de su ascenso mediático al infierno de la política como líder de una nueva derecha, pero me ha parecido una auténtica burrada que, aparte de otras medidas para salir de la crisis económica, baje algo el Iva cultural y suba el de los productos básicos o de primera necesidad, o sea, el pan y la leche entre otras bagatelas.

         Que suba el pan, por lo simbólico, es un sindiós y un sinsentido; el bollo, la barra, la malagueña o el pitufillo de la mañana hay que dejarlo como está; por favor, sea usted normal además de guapo. No ve que esa medida le puede acarrear más de un disgusto electoral y pasar a la historia como el hombre que subió hasta el pan.

         Me contaba mi padre que allá por el año 1929 o 1930, año arriba, año abajo, el kilo de pan subió una perra gorda, o sea, diez céntimos de una peseta y que se armó la huelga general más gorda que se conoció en Melilla en toda la historia.

         Señor Rivera: de verdad que le deseo todos los éxitos electorales que usted pueda merecerse por su trayectoria política que va, que yo sepa, desde quedarse en pelotas para hacerse una buena fotografía de campaña hasta penetrar en el santuario de Andalucía, pero el pan, por favor, el precio del pan nuestro de cada día déjelo como está.

         Sea normal no sea que se le vea el plumero.

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