miércoles, 22 de abril de 2015

El mundillo literario (V): El cocodrilo




Hace cantidad de años viví una especie de Ejercicios Espirituales y el responsable del tinglado comenzó su intervención contándonos un chiste que les resumo: “Un señor va a visitar un médico y le dice al galeno que tiene un cocodrilo debajo de su cama. El doctor le observa detenidamente y le hace una ficha al enfermo: su nombre Moncho Mencho y la calle en que vive Atocha 8. Le manda una cajita de valium 10 y da el asunto por zanjado. Un domingo el médico en cuestión está paseando por dicha calle y recuerda el número de la casa del paciente y su nombre; le pregunta al portero si vive allí un tal Moncho Mencho, y el portero contesta: “Vivía, señor”. “Qué le pasó”, pregunta el médico, a lo que el portero contesta: “Tenía un cocodrilo debajo de la cama y una noche se  comió al señor Mencho”.

         Acabó el chiste y el responsable de los E.E nos dijo la moraleja, a saber: “Aquí venimos a matar a nuestro particular cocodrilo o problema, y si no lo matamos, él se encargará de acabar con nosotros”.

         Hace tiempo que tengo un enorme “cocodrilo” dentro de mí y me suelta suculentos mordiscos. Le voy dando vueltas al tema, al cocodrilo, pero no doy con la solución de su exterminio porque el cocodrilo duerme día y noche en mi interior, y hasta que no logre extraerlo de mi estómago me va a ir matando poco a poco o, tal vez, amargándome la vida.

         Es por ello que voy a intentar sacarlo de mi interior y que se largue a otro habitáculo más fuerte que mi débil estómago; para ello es necesario y obligatorio, según prescripción médica, escribir sobre el maldito cocodrilo (soltar el venenillo que me corroe día y noche) para darle jaque mate.

         Para ello, que por mi bien, que es el que debo procurar, debo contar la historia de una traición que un grupo de amigos (creía un servidor semejante desatino) y otros que nunca lo fueron realizaron sobre la moral de esta persona que escribe y que, cree, creo, no debe ser silenciada.

         Es una historia de comisiones, omisiones y silencios. Los autores creyeron que yo era lo suficientemente fuerte para tragarme toda la bilis producida por semejante traición, pero esta noche he caído en la cuenta de que es imposible, de que el cocodrilo del que tanto he hablando a unos y otros está vivo, activo y presente en mis entrañas; y ya no puedo más, palabra de honor que corroe mis entrañas y una de dos: o me cargo al cocodrilo o éste acaba conmigo.

         Les prometo que todo lo que escribo es la pura verdad.

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