domingo, 5 de abril de 2015

A la espera de Mayo...




Este conjunto de seres que conforma la sociedad en la que vivimos o vegetamos, allá cada uno con la opción elegida, tiene un mecanismo engrasado para que la noria de la existencia siga persistentemente bamboleándose sin caer al precipicio de la nada, aunque nadie nos salva de hacerlo en el absurdo.

         Y así, vamos girando, más o menos entretenidos, con compases de tiempo que nos hacen la penuria más llevadera. Si ustedes caen en la cuenta comprobarán que entre “puentes”, “navidades, “carnavales”, “cuaresma”, “semana santa”, “fugas a playas o montes”, “veranos” “ferias locales” y otras demandas por el estilo nos tienen la mar de entretenidos.

         Pero este año de 2015 la locura llega al máximo permitido con los procesos electorales a toda pastilla que, por cierto, hemos comenzado en esta tierra de ramas de olivos y palos de golf, y que en mayo se extenderá a todas las capitales, pueblos y aldeas de madre patria y a sus respectivos reinos de taifas, las llamadas Comunidades y que tan poco tienen que ver con lo debería ser una normal comunidad soportable por la ciudadanía; para no aburrirnos del todo, allá por noviembre, mes de santos y difuntos, en tierras catalanas se celebrarán, otra vez con la retahíla de ser plebiscitarias, unas elecciones muy personales. Y para finalizar el año, Rajoy convocará elecciones generales para que ustedes puedan elegir su futuro.

         Lo bueno, por diferente, que tiene este año de urnas y posibles pactos para repartirse el pastel del poder que ustedes elegirán pero no catarán, es la irrupción en el mapa de la “cosa” de nuevas formaciones que, como Ciudadanos y Podemos, o viceversa, que junto a Ganemos, B-Comú, Sí Se Puede o lo que deseen según gustos, van a animar el cotarro de forma insospechada.

         Un servidor lo tiene claro porque soy cómplice de la casta del 78 y amante de la Constitución de ese mismo año aunque, lógicamente, pueda y deba mejorarse.

         Ya mayor, o sea, sobrado de años, voy a seguir votando, más o menos, a los culpables del famoso candado que otros desean abrir; entre otras cosas porque al ejército de jubilados nos han subido la posibilidad teórica de tomar un güisqui más al mes.

         Y para qué mentir, ya no me fío de las personas de las buenas palabritas, de las palmaditas en la mejilla y las puñaladillas en las espaldas; vamos, que más vale “malo conocido que bueno por conocer”.

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