miércoles, 18 de marzo de 2015

Pequeñas historias (I): Por esto me llamo Pepe




Mi madre, la señora Antonia, tenía una hermana que se llamaba Virtudes.

         Eran dos hermanas únicas. La tía Virtudes tuvo tres hijos: Mariquiqui, Pepe y Virtudes; ellos nos llevaban tres meses a mis hermanos Fernando, Nati y a un servidor de ustedes y de la verdad.

         Sin embargo, mi madre a su primer hijo que murió con un añito le puso de nombre Antonio; en buena lógica yo me debería llamar Antonio.

         Pues no fue así porque cuando mi tía Virtudes tuvo a su hijo Pepe, mi hermano Fernando que tenía tres años le decía a mi madre, embarazada de mí, que él quería tener un Pepe como el de la tía Virtudes.

         Así que al nacer el menda, la señora Antonia, mi santa madre, claudicó ante el pesado de mi hermano y en la pila bautismal fui taladrado con el nombre de José, aunque en realidad soy un Pepe cualquiera. Todos sabrán que los Santos Padres de la Iglesia, cansados de escribir José lo reducían a P.P. (Padre putativo de Jesús).

         Pero sigue la saga porque la buena de Nati, mi hermana, a una de mis sobrinas la bautizó con el nombre de María José; por supuesto que soy su padrino de bautismo.

         Así que nací haciendo favores y sigo con esa manía que me ha traído más de un disgusto; aunque para enfado el que me llevé cuando mi hermano Fernando, el culpable de todo, murió hace tres años un veinticuatro de diciembre.

         Sé que esto les importa a todos y todas un bledo, pero estoy tan aburrido que lo mío es escribir y escribir.

         El de la foto soy yo aunque parezca mentira. Jajaja.

         Besos.

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