domingo, 15 de marzo de 2015

Con pena y nostalgia andaluza




Tal vez por nostalgia y por aquello de que en una semana se sabrá con certeza el resultado de las elecciones autonómicas andaluzas es por lo que estoy recordando el año 1979, año de elecciones generales y municipales.

En las primeras, el PSA, hoy Partido Andalucista, formó grupo parlamentario propio con la presencia de cinco diputados: dos por Cádiz (Alejandro Rojas y Emilio Rubiales), otros dos por Sevilla (Luis Uruñuela y Emilio Pérez) y uno más por Málaga (Miguel Ángel Arredonda); en el transcurso de la legislatura, dos diputados (PSOE y UCD) se “convirtieron” al andalucismo y engrosaron las filas del grupo andalucista, en total fueron siete diputados, o sea, tantos como el PNV; y es que por aquella época existían políticos que se convertían al andalucismo, quizá por lo que tenía de místico o de utópico.

            En las elecciones municipales, la implantación del PSA fue alarmante para el PSOE. En Granada y Huelva, las listas más votadas fueron las andalucistas y, para pudor de socialistas, en Sevilla, cuna de Felipe González y Alfonso Guerra, la candidatura del PSA obtuvo el mismo número de concejales que la del PSOE y se hizo con su alcaldía; en todas las capitales de Andalucía, los andalucistas obtuvieron representación.

            En plena descomposición de UCD, el hecho emergente del andalucismo, reivindicativo y progresista, fue un toque de atención para el PSOE que, girando las baterías contra los andalucistas, y una vez dinamitado el partido centrista encarnado en UCD, fue barrido del mapa político de Andalucía por su propia incapacidad para explicar su pacto con el centrismo de Adolfo Suárez en la sesión de investidura del nacido en Cebreros, y por sus guerras internas y cainitas.

            “Desarmado y cautivo” el Andalucismo Histórico, el PSOE de Felipe ocupó todos los fortines que confiere el poder: Junta, Alcaldías y Diputaciones, o sea, el poder absoluto.

            Queda alguna escombrera suelta de aquel andalucismo, pero nadie sabe quién es su secretario o secretaria general; todo parece, pues, derrumbado o aniquilado para los que creímos un día en ese proyecto.

            ¿Pudiera pensarse que las distintas tribus andalucistas diseminadas por este territorio tienen alguna posibilidad de volver a construir la utopía andaluza o esta ha dejado de existir definitivamente?

         Los sondeos que se han publicado no otorgan la más mínima posibilidad a que el Andalucismo alcance una pingüe representación, mientras otras fuerzas políticas, todas ellas con líderes alejados de Andalucía, a saber: Mariano, Pedro, Pablo, Albert, Rosa y Cayo se sentarán en los escaños andaluces, al tiempo que los andaluces que se sienten en los escaños nacionales no ejercerán de andaluces.

         Los andaluces somos nuestros propios enemigos, enemistad que va a más porque nunca hemos sabido explicar que Andalucía solamente será salvada del ostracismo por los propios andaluces, no por los nacidos en ella, sino por los que ejercen como tales y luchan por su libertad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario