miércoles, 18 de marzo de 2015

Caballero Bonald: la Transición fue un apaño





         El poeta Caballero Bonald ha conseguido en poesía lo posible e imposible, o sea: todo, y en ese todo va la gran riada de premios que todo poeta le gustaría conseguir, a saber desde el Adonais al Cervantes con una cantidad inmensa de ellos en medio del nadir y el cenit; pero como bien dijo el fallecido poeta malagueño Alfonso Canales: “la poesía gusta o no”, vamos, que es puramente subjetiva, es por ello que a un servidor, reconociendo que su lírica está generalmente bien construida y ajustada al canon literario, no le llega a encandilar.

         No hace más de una semana que el jerezano estuvo por esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, con motivo de inaugurar unas Jornadas Literarias sobre la “Generación de los 50” con motivo de un homenaje al maestro Manuel Alcántara, que por cierto ha vuelto a dar una inmensa alegría a sus lectores al volver de nuevo, tras una parada de más de un mes, a encontrarse con ellos.

         Pues bien, en unas declaraciones realizadas en Málaga, el poeta Caballero Bonald reconoció que durante esos años le hubiese gustado escribir de la necesaria “poesía social” en contraposición a la dictadura franquista “pero que no le salía”; por regla general, cree un servidor, se escribe, y bien, de lo que uno siente. Punto.

         Ahora, a sus 88 años de edad, ha escrito un nuevo libro de poesía en prosa (?) titulado: “Desaprendizaje”; pues bien, en una entrevista concedida a El País, afirma el Cervantes “que la Transición fue un apaño” y trata de justificarlo con una retahíla de frases.

         Si apaño según el DRA es una treta, un engaño o algo para salir del paso, el poeta lo podía haber dicho hace algunos años y no ahora cuando desde Podemos e Izquierda Unida vienen a decir casi lo mismito.

         Pues no, señor poeta, la Transición, a la que debemos este largo periodo de paz fue un acto de reconciliación mediante el consenso de izquierdas, derechas y centro, para que esta nuestra Nación pudiera vivir en paz y reconciliada, aunque corren vientos de deseos de volver a las andadas; al final todos, todos los presentes en aquellas Cortes Democráticas firmamos la Ley de Amnistía para intentar ser ciudadanos libres de todo lo anterior.

         El poeta Bonald, como tantos otros, no ha creído semejante milagro

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