miércoles, 25 de febrero de 2015

Final de la traca





         Se acabó el debate sobre el Estado de la Nación con un herido grave, el diputado de Compromís por una subida de tensión de la que parece no tendrá problema en recuperarse y con Celia Villalobos, presidenta en funciones del Congreso, trincada mientras jugaba a las maquinitas, según dicen y creo.

         En realidad, guste o no, el que más ha aportado ha sido el gallego Rajoy que ha puesto sobre la mesa, aparte de sus cachazas, una serie de resoluciones que mañana serán sometidas a votación por los representantes del pueblo español; los demás, que yo sepa y en público no han presentado ni una, aunque puede ser que más tarde nos enteremos que han dejado algunas para la votación de mañana.

         A mí no me ha parecido bien que Izquierda Plural no haya permitido que Alberto Garzón no ocupara todo el tiempo de IU para el duelo con Mariano, toda vez que, junto a Sánchez, es el único candidato a las próximas elecciones generales -me olvidé de la eterna Rosa-, y que el feo diputado por Barcelona, señor Coscubiela, exigiera sus quince minutos de gloria para hablar de la independencia de Cataluña al tiempo que el Tribunal Constitucional declarara “antital” la consulta del honorable Artur.

         El antipatético, pero aburrido Pedro Sánchez, que llamó sinvergüenza a Rajoy y a todos y todas l@s diputad@s del PP, si estuvo bla que bla que bla habando sobre la Reforma de la Constitución, pero sin decir en ningún momento qué es lo que había que reformar de ella, por lo que un servidor se quedó con tres palmas de narices y sin saber y poder afirmar que estoy de acuerdo con él.

         Yo he hecho mi propia encuesta sobre el debate en cuestión en el lugar donde me imagino suponen, o sea en el Gran Vía, y me he quedado en blanco y con cara de gilipollas cuando he comprobado sobre el mármol del mostrador que ninguno de los parroquianos había cambiado, a excepción de un servidor, el gin-tonic por el bodrio político, lo que me hace suponer que, más o menos, cada quisque tiene su voto bien amarrado y, por tanto, inamovible.

         Y bien pensado, lo que me interesa es que una buena sopa de ajos no me falte para lo que me queda de vida; así que por primera vez votaré, si no aparece un teremoto electoral, al que me la asegure con huevo perfectamente escalfado.

         Que les aproveche.

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