jueves, 19 de febrero de 2015

¿Dónde me quedé?



Un fuerte golpe de tos, otro más y al tercero me dí cuenta que la cosa iba -va- en serio. Ese tic-tac tan maravilloso de inspirar-expirar se había deteriorado de forma alarmante, así que me he cuidado unos días, a saber: cama, muchísimo mimo recibido, nada de alcohol y tabaco, algún fármaco de los fuerte, tela de agua y zumo de naranjas, y, sin encontrarme en perfectas condiciones me he atrevido esta tarde noche a hilvanar algunas reflexiones  que nada significan, a nadie alivia, pero que a mí me vienen muy requetebién porque si no le pierdo el pulso a la maldita cotidianidad y quedo herido de muerte.

         ¿Dónde me quedé?, ah¡, en lo de las vespitas de Tomás Gómez, el cambio de cerradura y la llegada de madrugada del alienígena Gabilondo, ex ministro, por la terminal de la T-4 deshojando la margarita de aceptar la candidatura optar a la Presidencia de la Comunidad de Madrid; pues sí, le agrada la tarea y es de agradecer.

         También han sido llamados a declarar algunos de los beneficiados con esos tarjetones milagrosos de Caja Madrid y posteriores nombres; con mis decimitas a cuesta, les digo y no les miento que Don Arturo, el que fuese jefe de los empresarios madrileños, me sacó una sonrisa cuando a requerimiento del magistrado de turno sobre el uso de su tarjeta en sus propios restaurantes le contestó que gastó allí algunos miles de euros en servicios de representación porque era más barato y se comía mejor. Madrid, Madrid, Madrid.

         Convertido en un líder internacional en toda regla, Pablo Iglesias, tras su recorrido por los Estados Unidos de América, se ha convertido al Papa Francisco y se ha instalado en la trinchera del magno jesuita en su afán por dar de comer al hambriento y beber al sediento.

         El guapera de Albert Rivera, empujado por los medios que desean enterrar la Constitución del 78, dicen que va subiendo como la espuma en la intención de votos y que ha sido señalado por el dedo de Dios para desbancar a Rajoy que, contra viento y marea, sigue siendo primero en intención de voto.

         Ay de aquel David andaluz que se nos fue al traste, y ahora nos llega Alberto, porque este ya no es Albert, a decirnos cómo tenemos que usar la caña de pescar cuando somos maestros en el arte de las almadrabas.

         Lo otro, ya saben, los imputados andaluces es harina de otro costal que se merecen un copo por cabeza.

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