martes, 24 de febrero de 2015

Debate tras un gazpachuelo





         Por no faltar a la cita de escribir algo sobre el debate del Estado de la Nación, la verdad es que mientras oigo, al que no veo y escucho, al señor Durán de CiU, me pongo a teclear algo sobre el combate sostenido entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, personas sobre la que se cierne la “guadaña” de Podemos.

         Otra cosa digo, perdonen mis posibles incorrecciones ya que las cuatro de la tarde no es el horario más prudente para que el cerebro funcione perfectamente, más aún cuando una hora anterior he ingerido, además de un revuelto, un suculento plato de gazpachuelo.

         Rajoy ha ido a lo suyo, o sea a lo que cabía esperar, a defender su gestión concebida únicamente como la creación de empleo y el intento de salir del pozo ciego donde había caído la economía española; y duro que duro, machaca que machaca esa ha sido su intervención más la propuesta de varias reformas para lo que queda de año electoral.

         Sánchez también, sin salirse de su guión, ha ido a su obligación, o sea intentar destruir al gallego que fuma puro y lee el Marca, cansado ya del ataque político con Bárcenas como bandera y viendo que no se le cambiaba la cara al Registrador pasó a piropearlo llamándole sinvergüenza, piropo que fue extendiendo a toda la bancada popular, pero el gallego seguía impasible.

         Después llegaron las contrarréplicas, momento álgido porque es cuando las bofetadas políticas llegan a su ardor más aguerrido. A esto que me llama un amigo para decirme si le podía prestar cincuenta pavos; yo, que no soy como estos que manejan las réplicas, le dije que a las siete y media bajaría al Gran Vía y que podía contar con ellos; esta inserción personal es una realidad española que comienza a producirse cuando el mes comienza a bailar sobre los veinte y pico días.

         Estimo que Pedro Sánchez ha perdido una buena ocasión para demostrar que es un político con talla de estadista y creo que Mariano Rajoy, que a nadie convence, ha relatado su vía crucis y en las réplicas, quiero decir en la ironía, ha ido al degüello.

         Y poco más, ahora espero a Alberto Garzón, o sea a una sombra difuminada de Pablo Iglesias; pero me interesa lo que pueda decir el malagueño.

www.josegarciaperez.es

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