viernes, 13 de febrero de 2015

De puntillas, con amor




Cómo te lo explicaría, verás amor: “… Llegan la doce de la noche, esa hora en que a la Cenicienta se le acaba el sueño y la hora en que empieza el mío; es el momento en que puedo rozar tu rostro, el instante en que mis labios se funden con los tuyos y esa mezcla, créeme, es perfecta. Y es que has conseguido que la razón se me vaya a los pies, pues has logrado que te quiera tanto que me da igual hacer lo que sea por ti para hacerte feliz. Es más, posiblemente te buscaría el amor de tu vida si me lo pidieses, por mucho que me doliera, porque ese dolor sería parecido al dolor de las puntas del ballet, duelen, sí, pero merece la pena sufrir por ver el mundo desde más arriba…” (C.P.G.)

         El texto entrecomillado es parte de la carta de una adolescente, ya casi totalmente joven, que me la ha enviado para que le hiciera las correcciones que estimase oportunas; y yo, ante un texto sagrado, lo más que puedo hacer es inclinarme ante él para que me cubra y posea totalmente.

         Porque lo que narra la adolescente es la auténtica definición o descripción de lo que debería ser al amor al otro u otra, que no es otra cosa que buscar su felicidad aún a costa del propio dolor.

         Ese texto sencillo define perfectamente la diferencia entre amar y ser amado; lo segundo, el sentirse amado, es una situación de pasividad, de espera y, si lo desean, de un cierto egoísmo; el amar es la búsqueda activa para que el ser amado sea feliz, aunque sea a costa de nuestro dolor.

         Ella, la adolescente, juega con una bella y singular metáfora para definir el amor, a saber: la de ponerse de puntillas durante una pieza de ballet; acto doloroso físicamente, pero que merece la pena intentarlo porque el o la que lo realiza levita lo necesario, aunque sean pocos los centímetros, para visualizar el mundo desde una perspectiva diferente, aunque duela.

         Y amar, al igual que la bailarina que sufre, es ver todo desde una bella plataforma que consigue la transformación de este triste mundo hacia otro en el que se asiente la felicidad.

         Nota: No le hice ninguna corrección, aunque confío en que el profesor de Literatura le haya dado una excelente calificación.



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