martes, 10 de febrero de 2015

Carmen Lomana en 13TV



Llevo bastante tiempo enclaustrado en un perímetro de unos mil metros cuadrados, o sea, en un territorio que conozco y cuyo epicentro es un pequeño pero gran bar llamado Gran Vía donde los parroquianos nos conocemos más o menos bien y de los cuales, por lo que me cuentan y yo interpreto, obtengo el adobo de la salsa que da sabor, bueno o malo, a mis escritos; dicho de otra forma, desde que un par de sujetos me doblaron el espinazo y un buen amigo, eso creía, me apuñaló a traición dejé de ir a actos culturales, sobeo a las autoridades y he olvidado el camino que lleva al centro de la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia.

         También me alimento de releer algunos libros, de cernir la política viendo y escuchando tertulias políticas en emisoras de televisión cubriendo una banda ancha que va desde la Cuatro a las 13TV, pasando por la Sexta y la Cinco, y de ver alguna buena película que excepcionalmente repongan.

         Anoche, a falta de lo último, me lancé sin paracaídas a reírme un rato con 13TV y su invitada de honor, una señora llamada Carmen Lomana a la que no tengo el disgusto de conocer, frente a periodistas de corte derechón y tres políticos disimulados pertenecientes al PP, PSOE y UPyD.

         Se trataba de noquear a la tal Lomana, señora tiesa en su figura pero adinerada por lo que pude comprobar, porque es amiga del enemigo público nº 1, el señor Monedero de “Podemos” para más señas, y al que invitó en Reyes a cometerse un roscón en compañía de militares y ricachones.

         Reclinado en mi asiento con un buen puñado de pistachos, fui testigo de como Carmen Lomana se llevó al huerto a esos inocentes políticos y sacó de sus casillas a los periodistas, pues cada frase que soltaba como la tonta del bote flotaba durante minutos en un ambiente enrarecido mientras los políticos y los periodistas trataban de llevársela al huerto, pugilato en el que perdieron las formas y consiguieron un montón de votos para los amigos de Monedero.

         Y es que este nuevo personal político no sabe dar caña, si es que hay que darla, mientras la suavona de la Lomana, erguido su cuello como un periscopio, sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo en algunos hogares españoles.

         Y parecía tonta, se creen algunos.



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