martes, 6 de enero de 2015

"Podemos" y el 31 de enero




Con toda seguridad que “Podemos” desea hacer una demostración de fuerza el próximo 31 de enero en la marcha que desde todos los puntos de España hará sobre Madrid, aunque sigo preguntándome porque no la efectúan en Barcelona, Valencia o Bilbao, pongamos por caso.

            Tal vez han estimado oportuno que “mejor solos que mal acompañados”, por lo que han negado su asistencia a sindicatos y partidos que señalan como pertenecientes a la “casta”, aunque estos, haciendo el ridículo le andan rogando su deseo de acompañarlos, pero ellos, “Podemos”, puros aunque ya no tanto, se niegan a que las malas compañías, según ellos, seas sus acompañantes.

            Y así, uno a uno, desde el PSOE a Izquierda Unida y de UGT a CCOO, ni siquiera nombro a los colectivos de derecha, van siendo desechados sobre esa marcha preparada sobre la capital del Reino.

            Además imponen otra condición: que nadie vaya con banderas, sean estas la actual de España o la republicana; tan sólo se permite el ondear de trapos, banderines o círculos de color morado, el color que “Podemos” ha elegido como identificador de su proyecto.

            No es que me parezca bien o mal, sino un poco soberbia, chulesca y desproporcionada la actitud excluyente de Pablo Iglesias contra los partidos y sindicatos que a su estilo, unas veces acertando y otras errando, han luchado para que ellos puedan sacar pecho y presumir de fuerza como Fraga cuando, allá por los años 70 del pasado siglo, dijera aquello de “la calle es mía”.

            La tarea es fácil, pues la convocatoria tiene un cierto atractivo: demostrar que son muchos, aunque menos, con toda seguridad, que los habitantes de Madrid, los cuales verán de nuevo que su ciudad es el imán de los protestotes de todo tipo.

            Para entonces ya se habrán celebrado las elecciones en Grecia y no me extrañaría nada ver entre la marea morada al líder Alexis Tsipras, si gana las elecciones, entre Pablo y Monederos, este último antiguo interventor del PSOE en una mesa electoral vigilando que el “sí” a la OTAN saliese vencedor, allá por los años 80 del pasado siglo.

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