sábado, 10 de enero de 2015

Piropos









         Qué cosa más bonita aquello que cantaba Sarita Montiel cuando deletreaba: “Pisa morena, pisa con garbo…”; o qué maravilla cuando el poeta Bécquer ante un supuesta pregunta de una dama sobre qué es poesía, el bueno de Gustavo contestó y escribió para los siglos de los siglos: “… y tú me lo preguntas, poesía eres tú”; o cuando Pedro Salinas en “La voz a ti debida” le dijo estas “palabrotas” a su amante: “… quítate ya los trajes,/ las señas, los retratos…”.

         Fue Rafael el “Gallo”, un día en Madrid que le presentaron a Ortega y Gasset, el que preguntó quién era aquel señor con “cara de estudios”; un filósofo, le contestó alguien, a lo que el torero preguntó un “filo qué” y le respondieron una persona que se dedica a estudiar la inteligencia de las personas. Rafael le pegó una calá al puro y contestó: “Hay gente pa tó”, frase que ha pasado a la historia.

         Y a la historia pasará doña Ángela Carmona, Presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género y el Maltrato a las mujeres del Consejo del Poder Judicial, cuando hace unas horas ha presentado en su informe anual que se prohíba el piropo -se supone que a la mujer- porque violenta la intimidad de la piropeada. ¿Y por qué lo sabrá ella?, me pregunto. En cuanto a los hechos, doña Ángela tiene un cierto parecido con el dictador Miguel Primo de Rivera que, según tengo entendido, prohibió el piropo bajo multa de unos pocos de reales o duros.

         Mira que hay cosas en las que entretenerse el personal de cualquier Observatorio, montaje que no tengo muy claro lo que es; pero desde luego que en el de la señora o señorita Carmona, quiero imaginarme, no será el de coger unos prismáticos y atisbar al “guapo” que es capaz de rociar con una alabanza el paso de una mujer, sea esta guapa o no tanto; y aunque confío en que tal deseo de doña Remedios no sea aprobado, ni por asomo puedo pensar que se multe, castigue o enchiquere a alguien por decirle “guapa”, más aún si no lo fuese.

         De todos los piropos que conozco, ninguno como al paso de una mujer, decir: “¡Viva la madre que te parió!, pues eso, Ángela.



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