domingo, 11 de enero de 2015

La tardenoche de ayer



Ya no aguanto la lectura de un nuevo libro, a lo más la relectura de alguno que me gustó; y a falta de ganas de leer, el transcurrir de las horas se va haciendo cada día más pesado. Me encantan las películas de mis tiempos de persona consciente de la vida; las de ahora me aburren con tantos efectos especiales que en mí, por cierto, no produce ninguno. Y qué más, ¡ah!, lo de escribir llega a lo soporífero porque esto de escribir a diario, aunque algún día vuele, es coser y cantar aunque a algunos y algunas les pueda parecer que cuesta un cierto esfuerzo; pues no, se comienza el tecleo, caso de este momento, y por asociación de ideas van ensartándose las mismas y, sin darte cuenta, “el copo” va creándose sin más. Ya ven ustedes que cuando le dé a punto y aparte tendré escritas 164 palabras, lo que viene a suponer más de un tercio de la extensión del mismo.

         Y realmente no he opinado nada de nada; en resumen: un juego sin importancia alguna. Así que ayer me propuse ver y escuchar tertulias políticas de televisión para depositar ante los ojos de ustedes alguna noticia socio política que valiera la pena, ya que me había propuesto no escribir sobre la magna manifestación que hoy se celebraba en París en defensa de la libertad custodiada por la policía y el ejército francés; ahí queda esa ironía.

         Los sábados por la noche las cadenas televisivas “La Sexta” y “La Cinco” nos amenazan con programas políticos de cinco horas de duración la primera y de cuatro la segunda, así que para purgar mis pecados del pasado -hoy y todo lo que me queda de mañana no puedo “pecar”-, me arrepanchigué en el sillón de las horas perdidas con el deseo, conseguido por cierto, de tragarme lo que me echaran.

         Pipas, Susana, pistachos, un tal Carmona, cacahuetes, periodistas de distintas cuadras, la ex acaldesa de Alicante, pasas, PP, garbancitos, Cristina Almeida, habas fritas, UPyD, Podemos, algún gin-tonic y Jaime del ABC, etc., que está en todas, pasaron por las distintas pasarelas para no decir o dejar decir al otro u otra nada de importancia.

         Pero aguanté con estoicidad suprema hasta las 2:30 horas de la madrugada, momento en que salí a la calle para bajar la basura amontonada de comer chucherías y dar una vuelta a la manzana para estirar las piernas.

         En la esquina del BBVA con calle Mármoles, una pareja se besaba con ardor y amor, creo yo; al verme hicieron intento de separarse, y como el que no dice nada les sugerí amablemente que siguieran en la labor.

         Fue lo único bueno y bonito de la tardenoche de marras, por eso lo cuento.



        

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada