lunes, 5 de enero de 2015

La magia de una noche





         Torbellino de gente en busca del obsequio adecuado para la persona deseada. Parpadeo de luces. Niños alucinados; hombres, alucinación de niños. Todo listo para encontrar lo nuevo.

         Quincallas, joyas, muñecos, libros… todo es válido. Hay de todo y para todos: reyes de Oriente: Melchor, Gaspar y Baltasar; reyes de Occidente: Dinero, Poder y Prestigio; reyes de todo el mundo: Armamento y Política.

         Antonia, José, la Trini y don Leandro, separados todos y todos juntos en busca del regalo. Algún día, todos: Antonia, José, la Trini y don Leandro llegarán a descubrir que no tienen necesidad de buscar objetos.

         Hace tiempo que yo descubrí que era objeto, juguete en manos del mundo; todos me querían poseer. Ahora quiero ser sujeto.

         Caminaba. Deseaba captar la noche. Conseguir su magia, pero no lo logré. Compré regalos como todos compran regalos, pero los regalos no se compran, no están a la venta.

         Venían de comprar obsequios; ellos creían que eran regalos, pero yo sabía que eran simples detalles.

         Seguramente que esta noche habré sido objeto de “regalo” de alguien, pues ese alguien habrá pensado en cómo obsequiarme.

         No os masturbéis la mente con obsequios manufacturados. Lo que deseo no está a vuestro alcance, pues se encuentra en la propia vida y no en el interior de un escaparate.

         Quiero amar, necesito amar para ser humano. No veis las tachaduras de este papel, no leéis que escribo y borro, grito y callo, río y lloro, vivo y muero.

         Estáis ciegos. Desprenderos de las escamas posesivas que cubren vuestros dormidos ojos.

         Dejad que sea yo.

www.josegarciaperez.es

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