sábado, 3 de enero de 2015

Ellos y ellas: los jóvenes




Todos los jóvenes de todas las leches políticas que se han movilizado el pasado año para protestar por el desempleo, la crisis, los recortes y la corrupción no conocieron la dictadura franquista, la transición y la instauración de la democracia.

            Para ellos la dictadura fue un hecho histórico que a modo individual no marcó sus vidas, aunque pudieran quedar impregnados por ella a través de la “mesa de camillas”, esa forma tan española de transmitir la historia de forma oral.

            Todas las conquistas de las que mi generación se cree coautora, ellos las han asimilado con la naturalidad de una respiración pausada y sin ajetreos.

            Quien esto escribe a veces ha dudado de los valores de democráticos de aquellos que no parecían preocuparse por nada que no fueses sus gustos y modas, y según los últimos movimientos pudiera ocurrir que los garantes de la democracia, ellos, van a tomar el relevo sin grandes sobresaltos.

            Aquello por lo que luchamos algunos ha pasado a ser patrimonio social de una juventud que salta, grita y se manifiesta cuando ha notado que la convivencia democrática se encuentra amenazada por las grandes desigualdades que se siguen dando y, en uso de sus legítimos derechos, están dispuestos a “dar la vuelta al calcetín”, o sea: a cambiar la mentalidad de los demasiados instalados.

            El testigo de la libertad, deseo creer, puede pasar a manos más audaces y capaces, y a nosotros -que no somos casta, que conste- nos queda retirarnos y mirar con esperanza el fruto de una época de la que fuimos protagonistas; pero que se haga bien, no como algunos y la chica han hecho conmigo en otro orden de cosas.

            Ya, los ancianos del lugar, podemos reunirnos alrededor de una mesa con un variado surtido de bebidas que vaya desde un poleo menta hasta la sagrada ginebra y hablar de aquellos tiempos en que corríamos delante de los grises, los “isidoros” y demás, los de “apaga la luz” que vienen los de la brigadilla, los “padres de la patria”, los que vivimos en nuestras carnes el 23-F y mi amigo Jacinto, el que siempre aparecía con una bandera republicana, podemos reunirnos, decía, y comentar nuestras historietas con la franquicia de pasar un rato de cháchara y tertulia agradable.

            El relevo, siempre que se “bendigan” las reglas del juego, es buenísimo; por ello nuestra única misión es estar algo alerta no sea que la “ambición rompa el saco”.

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