martes, 2 de diciembre de 2014

El Seat 124




A Adolfo Suárez se le había desteñido el azul mahón de la camisa que durante su tiempo de gobernador civil con Franco portaba con garbo y se puso una de color rojoencarnado; no hay que olvidar, cuando aquello parecía imposible, que con Fernández Ordóñez de ministro de Justicia trajo a España el santo divorcio entre manifestaciones, soflamas y contubernios  de la auténtica caverna; cuando a Ordóñez le dieron la dura tarea del ministerio de Hacienda se aprobó la Reforma Fiscal y, por vez primera, a mis deteriorado oídos llegó por primera vez la frase, hoy ya manoseada por todos de: “que paguen más los que más ganan”.

            La extinta UCD estaba más tiesa que una mojama a pleno sol; lo sabíamos de buena tinta los que militábamos en aquella formación porque firmábamos letras y letras para ir tirando, mientras el PSOE se beneficiaba con los “arrimos” que provenían de la socialdemocracia alemana de Willy Brand; un servidor que ejercía, además de diputado nacional, de secretario provincial de aquel “centro” histórico en las reuniones que teníamos con el Presidente le aconsejábamos que “solicitara” préstamos de los bancos y él, con parsimonia, decía que jamás se doblegaría a los poderes del Ejército, Iglesia y Bancos; y así fue mucho antes que “Podemos” dijera alguna que otra majadería acompañada de alguna que otra verdad.

            Jamás recibí una peseta, el euro no existía, por ser Secretario Provincial de UCD en Málaga y en mis viajes, pero tela de viajes, me cargué mi Seat 124 sin que nadie enchufara la manguera para rociar el depósito de gasolina. Y como diputado, ya saben, Málaga-Madrid y Madrid-Málaga salvo una vez que estuve en Mallorca para estudiar la contaminación de Mediterráneo, de la que poco sabía por no decir nada, pero en fin cumplí aprendiendo algo de los diputados pertenecientes a la orilla mediterránea.

            Cuando acabó la historia me largué a un Colegio Público para seguir ejerciendo mi profesión de siempre, eso sí, sin mi querido y añorado Seat 124 que fue pulverizado en mis viajes por la misteriosa Serranía de Ronda, la bella comarca de la Axarquía, la Costa del Sol y los llanos de Antequera.

            No sé si soy de la casta, más aún, tampoco sé si aquellos diputados y diputadas de UCD lo fueron, lo único que sé es que no se conoció ni se conoce ningún caso de corrupción entre aquella jaula de grillos que fue la Unión de Centro Democrático.

            Fuimos honrados en demasía, utópicos hasta el infinito, amantes de las ideologías, y apasionados en nuestros debates políticos; en el seno de aquella formación política existía decencia, tolerancia y honradez; es por ello que fuimos fagocitados.

            Esto lo cuento porque por todo lo que escucho y veo me voy a llegar a creer que fui corrupto y miembro de una casta de timadores.

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