martes, 16 de diciembre de 2014

Dioses




El doctor Richard Seed está dispuesto a iniciar la clonación de seres humanos; dicho de otra forma, la era de los iguales está a la vuelta de la esquina. Para argumentar su tesis, ha asegurado que “vamos a tener tanta sabiduría y tanto poder como Dios”, o sea, que vuelve a repetirse el metafórico anzuelo de la bíblica serpiente cuando espetó a Eva que sería como una diosa si se comía aquella bendita manzana.

            Por todo ello, nos encontramos ante un debate de doble sentido, a saber: científico y teológico. Comencemos por este último, siempre en el supuesto que se crea en el Misterio de un ser del que depende nuestra existencia; siguiendo con la metaforización del Génesis, salta a la vista que “El Sin Nombre” creó distinto a los dos primeros seres: hombre y mujer. Más tarde, y siempre siguiendo el árbol genealógico que nos muestra el Antiguo Testamento, los dos siguientes fueron diametralmente opuestos: uno envidioso y el otro, un mimado de postín. Agricultor y pastor. Sedentario y nómada. La tesis y la antítesis. Los siempre extremos del debate, el inicio de la lucha de clases y las distintas concepciones de pueblo.

            Está claro que el doctor Seed quiere ser como Dios. Es eso lo que le preocupa, aunque su actuación va en contra de su ideal, pues él quiere a sus criaturas idénticas, gemelas, iguales, clónicas; para llevar a cabo su experimento necesita de buena pasta, dólares contantes y sonantes, y aunque sus primeros objetivos parecen encaminarse a parejas infértiles, a nadie escapa la posibilidad de clonar a hombres y mujeres fértiles, fértiles en gestar y en dólares; serán los ricos, pobrecillos, los llamados a perpetuarse.

            En el aspecto científico creo poder asegurar que la clonación humana no hay un dios que la pare; su acción se mastica y digiere en laboratorios entre tubos de ensayos, probetas, ratas, dollys y, muy especialmente, lóbulos del cerebro.

            El tiempo, “esa dimensión que alguien dijo que nunca aborta”, viene a poner las cosas en su sitio; ahora sabemos que muchos Richard, al igual que Adán y Eva, protagonistas de una fábula, quieren ser como dioses.

            Y es que el personal no sabe ser humano, o sea, como esos que han asesinado a más de cien niños en Pakistán.


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