sábado, 29 de noviembre de 2014

Trío de damas




Tres vicios hago diariamente: beber, fumar y escribir. Y con más o menos fuerza puedo tirar de la mochila de la existencia, aunque mi vida se va deteriorando.

            Pues bien, ayer escribí un “copo”, pero he aquí que cuando voy a enviárselo al jefe superior inmediato caigo en la cuenta que, tal vez por eso de copiar y pegar, no había texto alguno y tan sólo el nombre atribuido al artículo.

            Ya se pueden imaginar el cabreo; comencé la búsqueda y ni huella del mismo. A todo esto éramos acuciados mi “pastora” y un servidor de la verdad para irnos al lugar donde el valle del azahar se adelgaza, conocido por Alhaurín de la Torre, para cenar algo y echar un rato de póquer que ni es póker ni nada que se le parezca, pues ya ven que el máximo que se puede enviar es la ridícula cantidad de tres euros.

            En fin, que como Manolo y Ani avisaron que en media hora venían a recogernos para ir a casa de Valentín y Maribel para darle consistencia al sistema del fin de semana, me dije: bueno, cuando regrese escribiré la dichosa columna, y ahora, antes de que llegue la pareja me encandilo con un par de JB. Y así fue.

            Llegamos al lugar antes citado y todo estaba preparado con esmero; Maribel para ello es única. Dimos buena cuenta de la manduca y Ani, que le gusta una partida de poquercillo más que a mí, que ya es decir, nos acuciaba para que termináramos rápido y, ea, a empezar con el vicio.

            A Manolo y Vale no les gusta el póquer, sino que asisten para, ya decía, no romper el sistema del candado social; de manera que a la media hora se levantan y se van al salón para ver la caca esa de la tele, y me dejan a mí frente a tres mujeres a las que engaño, incluidas trampas, con relativa facilidad; anoche no las hice porque tenía la mente en la dichosa columna volatizada que trataba sobre Andorra, Sevilla y Rivas y sus casillos de corrupción que no pienso repetir por pesado.

            Ustedes no se pueden imaginar lo que es jugar al póquer con tres mujeres y no tener la cuarta a mano para hacer un auténtico póquer de damas; comienzan con los nietos y terminan comentando el uso de ropa interior como si tal, mientras ellos, los amigos, siguen viendo tontadas en la tele.

            En fin, pegué tres largas cambiadas y me embolsé setenta pavos de verdad que, por cierto, no creo sea economía sumergida.

            El día está resuelto gracias al sistema, pero no son ellas las culpables, ellas nunca jamás, sino aquellos que las dejaron en manos, nunca mejor dicho de un tahúr de fama reconocida.



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