miércoles, 19 de noviembre de 2014

El candado de la Constitución




Con anterioridad al cesto de manzanas podridas, al que dedicaremos “un copo nuestro de cada día”, Pablo Iglesias el de “Podemos” -no confundir con el auténtico- ha inventado la teoría de comparar la Constitución de 1978 con un candado que él se va a dedicar a abrir; nos quiere decir el joven profesor, ya eurodiputado, que la Carta Magna española está acorazada y que no hay forma de ser cambiada.

            En parte lleva algo de razón porque los parlamentarios constituyentes, o sea, la casta, colocamos en su “cerradura” algunas claves públicas que hacen difícil un cambio en profundidad o su derogación; realmente ha sido cambiada en dos ocasiones, la primera de ella para que los ciudadanos extranjeros con residencia por este territorio pudiesen votar y la segunda de forma sibilina con un voto “secreto” entre PP y PSOE cuando aquello de Zapatero y sus recortes; mal hecho en mi opinión.

            Pero según mis cortas luces, aunque no lo discuto, pueda ser necesario un cambio constitucional, pero nunca el de convertir una Monarquía Parlamentaria en una República que es lo que realmente pretende el amigo del dócil Monedero, este que trató a los constituyentes de “tipos”.

            Preguntado al respecto sobre la posibilidad de la celebración de un referéndum Monarquía o República, el buen demagogo, porque es bueno en ese sentido, ha anunciado que él jamás convocaría dicho refrendo sino el de “mayoría o minoría de edad” de la ciudadanía española, a saber, si el pueblo español desea a alguien de sangre “azul” como Jefe de Estado o a un ciudadano de sangre roja (neoplasmo al canto del “profe”) para Presidente de la III República.

            Ese es el primer quid de la cuestión. No tengo experiencia republicana -tan solo seis cortos meses de vida-, pero algo he leído sobre las dos que han existido en España y, nos guste o no, creo que sus respectivas gestiones no fueron lo que merecían haber sido, pues hasta el mismísimo Ortega y Gasset pronunció, refiriéndose a la II República, la famosa frase: “No, no era esto”.

            Lógicamente el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, que llevó a la guerra civil española, no fue la solución; la única que yo conozco es ese “candado”, con el que Pablo Iglesias reconoce a nuestra Constitución.

            ¿Mejorarla?, pues claro. ¿Abolirla?, creo que no.

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