viernes, 7 de noviembre de 2014

De Zoido a Uriarte




Para los que desconozcan a tan ilustres personajes relacionados en el título de este “copo”, sepan que Zoido es Alcalde de Sevilla por el PP y Uriarte  es Obispo emérito de San Sebastián, dicho lo cual prosigamos con el escrito para echar esta mañana de fin de semana.

            Zoido, juez de profesión metido a político, no sabe qué hacer para que la Alcaldía que heredó a causa de la crisis en la que nos sumergió el señor Zapatero y que otorgó el mayor poder político conocido a los hombres y mujeres que lidera don Mariano, pase a manos de la oposición.

            Y así, últimamente, en cada Pleno anda aprobando, sin ton ni son, una serie de medidas para que la bullanguera Sevilla, la ciudad que se basta a sí misma, pase a convertirse en un erial de silencio donde no se escuche ni el vuelo de una mosca.

            A tal fin ha prohibido el juego del dominó en las terrazas de bares sevillanos por problemas acústicos que, me imagino, habrán sido chivados por alguna estirada señorita y/o señorito que han sido despertados de sus apacibles siestas por el ¡toma ya! pronunciado por un señor jubilado ante el ahorcamiento del seis doble de uno de sus adversarios.

            Ni en tiempos de Al Capone, cuando tuvo lugar la promulgación de la llamada Ley Seca, se ha conocido mayor posibilidad de subvertir a un pueblo y unas urnas por prohibir jugar a la sombra de una fachada, cuando la canícula pega de verdad, el deporte de tiesos y jubilados con el que pasar una buena tarde; allá él y Rajoy para los que se la cogen con papel de fumar.

            Por otra parte, el Obispo emérito Uriarte en uno de sus plácidos paseos propios de su edad y jerarquía se ha visto asaltado por una señora, se afirma que extranjera, que le ha pedido una limosna y a la que el representante de la jerarquía eclesiástica le negó tal dádiva; por ello fue que la pícara en cuestión quiso besarle la mano y, de paso, sustrajo su anillo episcopal que, por cierto, debía ser mayor que el diámetro del dedo.

            El buen hombre ha puesto el caso en manos de la poli y ha denunciado el caso ante la justicia al tiempo que, me imagino, habrá ido a confesarse por negarse a dar al que no tiene y por aquello de ayudar a los necesitados.

            Pues ya está: un par de anécdotas a la espera del “terrorífico” 9-N que nos espera. Jajaja.


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