jueves, 16 de octubre de 2014

Por escribir



Llegado ya el tiempo que uno se fija más en las necrológicas que antaño, y que cuando no es un día es al otro que se nos va un amigo o amiga, un familiar, vecino o alguien simplemente conocido, se para a pensar por qué esta manía de escribir todos los días y perder tiempo, aunque se gane coco.

            Por dinero desde luego que no, pues si fuera por el vil metal que tanto agrada a la panda de las famosas tarjetas estaría ya forrado, y suponiendo que lo estuviese de qué puñetas sirve cuando la parca se ve como algo próximo y agradable si no viene a mala leche, con sufrimiento quiero decir.

            Si tampoco sirve para crear opinión pues los pobres aumentan en número al igual que los ricos, y la clase media, la que mide lo que gasta, se adelgaza cada vez más, habrá que convenir que esto de teclear y teclear se hace por pura vocación o por no asomarse al ojo patio y ver la ropa del vecindario tendida, visión no muy agradable por cierto.

            Pues eso, que se escribe por vocación y punto. Y no es que uno esté enviciado, o sí, vaya usted a saber, en esto del escribir sino que sirve de válvula de escape para expulsar los fantasmas que merodean alrededor de forma permanente.

            Si cae usted en la cuenta, habrá visto que aún no he escrito nada y llevo ya casi medio “copo” machacado; y es que hablar del Ébola hoy en España vuelve a tener mandanga, vamos que relatar lo del avión que ha sido intervenido en Barajas procedente de París, que nada tiene que ver con los misioneros, no es cosa baladí pues en él uno de los pasajeros, habitante de las naciones olvidadas por Dios y el Dinero, parece que venía con fiebre y fuertes dolores de cabeza ha hecho de nuevo saltar las alarmas y dar madera de guerra a ciertas tertulias; si a ello le añadimos que otra persona ha ingresado, procedente de aquella ambulancia normal que trasladó a Teresa, en el mismo Hospital por tener fiebre, tenemos servida una docena de copos con toda seguridad.

            Uf, y con la peste de las tarjetas de Rato, Blesa y todo el arco de la ya conocida “casta”, con inclusión de sindicatos e izquierdistas, podemos escribir la tira de verdades y barbaridades de todo tipo.

            Y sin embargo, me agradaría escribir del amor o del dolor de mi pie izquierdo que me ha impedido hoy pisar el suelo; si a ello le añado que el Gran Vía está cerrado por defunción de un familiar próximo de Antonio el propietario y amigo, el día se presenta terriblemente pesado; aunque apechugue con él.



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