viernes, 17 de octubre de 2014

Payá



Payá, no confundir con Pérez Payá, fue jugador del Sevilla F.C durante las temporadas 1955-56, 56-57 y 57-58; más tarde fichó por el Levante en el que en un partido de Copa con el Gijón, temporada 1959-60, tuvo una gravísima lesión con fractura de tibia y peroné en un encontronazo con el portero adversario que le retiró de los campos de fútbol en los que se había iniciado como internacional juvenil con la selección española, aunque antes, con la edad de 12 años, era conocido en el patio de recreos del Colegio de La Salle de Melilla por las reglamentarias botas de fútbol que se deslizaban por el duro asfalto de cemento del citado centro escolar.

            Payá, Ismael de nombre, era primo hermano de “la Pastora”, mi esposa, Payá de segundo apellido, y compañero mío del Colegio Ntra. Sra. del Carmen de la ciudad española del Norte de África antes citada.

            Payá fue el que me hizo sevillista, porque un servidor, maestro de escuela de los de antes -sin desmerecer a los de ahora-, no podía gastarse ni una jodida pela en cosas de fútbolería y él, como buena persona que era, me pasaba de gorra al Sánchez Pizjuán y ya me hice sevillista hasta la muerte.

            Una vez retirado del fútbol, Payá se dedicó a lo que se dedicaba buena parte de los nacidos en Ibi (Alicante), a la heladería, mientras el resto lo hacía a la juguetería. No existe casa en España donde un chavalín no haya pasado el tiempo con un cacharrillo de Ibi ni localidad española en la que no hubiese una heladería llamada La Ibense, una de esas la instaló él, Payá, con sus ahorros futboleros en la calle Mármoles de Málaga.

            Buena persona, honrado por todos los poros de su cuerpo, amable y sencillo, le gustaba hablar de los tiempos en que Helenio Herrera fue entrenador del Sevilla F.C., y jugaba con Ruiz Sosa, Achúcarro, etc.

            Últimamente nos veíamos los sábados con un grupo de amigos para echar una partida de póker normal, o sea, sin jugarse muchos cuartos, pero con una buena merienda de por medio.

            Hoy se nos ha ido este buen hombre y amigo. Ha descansado de sus últimos meses de grave enfermedad. Una sencilla corona, además de la familiar, acompañaba su cadáver: “De tus amigos de póker”.

            No iba yo a escribir hoy de Blesa o Rato, cuando Ismael Payá, ciudadano libre y normal, ha llenado este día mi corazón de paz, no exenta de cierta tristeza.


             

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