miércoles, 15 de octubre de 2014

Más Mas



Para Artur Mas no existe ley que valga o precipicio que le asuste, pues puesto a jugársela es capaz de tirarse un farol de soberbia ante un póquer legal. Dicen que Rajoy y él marchan a una confrontación total, a un choque mortal, pero habrá que tener en cuenta que aunque ambos van por la misma autopista, Artur va en dirección contraria y Mariano lo hace en la permitida, así que si se produce el desastre el único culpable será el actual Presidente de la Generalitat que conduce saltándose todos los stop habidos y por haber.

            De manera que el próximo nueve de noviembre el señor Mas se ha sacado de la chistera una especie de consulta o referéndum, más o menos ilegal, ya veremos si existen recursos para que los ciudadanos catalanes respondan a una pregunta que todavía no sabemos la que es, pero con la que intenta salvar la cara, el estropicio causado en la sociedad catalana y española y el sillón de su Presidencia.

            Con una deuda de cerca de sesenta mil millones de euros e intervenida la sede de CiU, este señor va a colocar unas urnas de cajón y a reclutar unos veinte mil voluntarios, al tiempo que verá la forma de convencer a unos ocho mil funcionarios de Cataluña, para saber -dice el Honorable- qué piensan los catalanes sobre la independencia de ese territorio entrampado hasta los huesos al que zarandea con sentimientos y flamear de banderas.

            Todo está pensado para que España, por tanto Cataluña, haga el mayor de los ridículos democráticos ante Europa y el mundo occidental; no existirá censo electoral y tampoco interventores y apoderados de partidos políticos porque estos, con buen criterio, lo han dejado en la más completa soledad, pero a él parece no importarle y yo lo veo mirándose de perfil y de frente delante del espejo de la egolatría.

            Así que resulta que si el Estado a través de sus instituciones no frena este desaguisado, podría ocurrir que si el 9-N aparece un día soleado, Miquel, por poner un nombre, podría ir de caja en caja votando y votando sin control alguno cuantas veces estime oportuno, de tal manera que podría obtenerse una participación del 130%.

            Nadie se imagina cuanto ingenio hay que tener para no hacer nunca el ridículo”, dijo alguien; de lo que se deduce que, aunque ingenioso, Artur Mas no tiene la cantidad suficiente del mismo.

            ¡Que ridículo!

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