lunes, 13 de octubre de 2014

De Arcos, Andalucía, es Antonio Hernández




Conocí a Antonio Hernández cuando, hace más de veinte años, un nutrido grupo de escritores, reunido en Granada creó la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía de la que fue elegido Presidente; se configuró la Junta Directiva de la que formé parte, y Antonio creyó oportuno nombrarme Vocal Adjunto a la Presidencia; en la actualidad ejerzo de soldado raso para lo que manden.

            Entre él y yo la empatía existe “porquesí”, la más importante de las razones como en cierta ocasión, en una noche memorable, me comentase Antonio Gala; pero tengo que reconocer que, además del gracejo innato que tiene este inmenso bético, su poesía me embaucó y meció para siempre desde que una mañana recibí un poemario de los suyos, Sagrada forma, con el que consiguió su primer Premio Nacional de la Crítica.

            Y ello porque su lectura, acción que he realizado en incontables ocasiones, me llevó a la contemplación de lo que a mí me hubiese gustado escribir y que lo vi creado en el citado poemario que, junto a “Don de la ebriedad” de Claudio Rodríguez, conforman las dos grandes catedrales de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX.

            En estos días ha recibido por su último libro Nueva York después de muerto el Premio Nacional de Poesía que se suma a su segundo galardón de Premio Nacional de la Crítica por el mismo poemario; más reconocimiento parece que no cabe, si exceptuamos que es andaluz.

            Personalmente, la poesía tiene mucho de subjetividad, creo que su poética supura Andalucía por todos sus versos, no pandereta, sino filosofía, alma y ser de lo andaluz en la más recta interpretación del hecho universal de sentir Andalucía.

            Desde aquel “Alma Mater” de su poemario Indumentaria”: “No sé cómo nos las arreglamos/ los andaluces. Nuestro sino es perder/ para seguir vibrando./ Nuestra historia un alud de distinciones rotas./ Nuestra mercadería, /una versión inútil y poblada/ del silencio inmortal…”, hasta Habitación en Arcos: “Sólo tú, gran útero, gran cuna y sonajero,/ gran placenta de todos, permaneces;/ tú, gran rueda evocando, extrayendo del tiempo/ a lo desconocido…”, pasando por Sagrada forma: “Ahora… tomo la luz, los aires,/ el sol, la brisa, el mar de allí, como quien toma/ en un domingo claro que es orilla de un dios/ la eternidad de un día de la sagrada forma.”, toda su poética es un Cantar de Cantares a esta tierra que impregna todos nuestros poros.

            No voy a mencionar todos los premios concedidos a Antonio Hernández en su faceta de poeta, novelista, ensayista y articulista de opinión, tan sólo nombraré la novela Sangrefría con la que alcanzó el Premio Novela de Andalucía.



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