miércoles, 24 de septiembre de 2014

Venturas y desventuras de un escritor y poeta. Política II



De manera que con los antecedentes que comentaba en la última “Ventura…”, a mediados de mayo de 1977, el actual alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, al que no conocía de nada, llamó por teléfono a casa sobre las 22:00 horas para hablar con él sobre un asunto de cierta importancia.

            Dirección y taxi al canto y en un santiamén me coloqué en su domicilio. Lo que me comentó fue su deseo para que fuese en las listas de UCD; me quedé de piedra.

            En aquellos tiempos era un servidor presidente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad por nombramiento del santo obispo Ramón Buxarrais (primer obispo en dejar su sede episcopal, hace poco lo hizo el de Roma, ya saben: Benedicto XVI).

            La “olla” comenzó a carburar sobre el por qué de dicha petición y barajé varias posibilidades: mi compromiso temporal, el hecho de presidir el MCC o de ser también  presidente de la Asociación Provincial de Directores Escolares (algún día hablaremos del tema de las presidencias) o vaya usted a saber la causa.

            Años más tarde me enteré,  que todo se lo debía a un amigo y compañero, José Sánchez Blanco, que declinó la propuesta que le hizo De la Torre y que éste le pidió al amigo en cuestión un nombre de alguien de “confianza” relacionado con la enseñanza y algo conocido, y Pepe le dio el mío.

            Así de fácil y por pura carambola entré en la vida política oficial, aunque hay que tener en cuenta que UCD no tenía militancia alguna, comité, secretario o presidente, sino que todo era una nebulosa alrededor de un hombre y un nombre: Adolfo Suárez.

            El día 15 de junio de 1977, con el número 3 en la candidatura de UCD por Málaga, se celebraron las primeras elecciones democráticas en España tras 40 años de dictadura. Mi vida, a partir de ese día, cambió; no sé si para bien o mal, pero cambió.

(continuará)




           

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