miércoles, 17 de septiembre de 2014

Venturas y desventuras de un escritor y poeta. La enseñanza




En estas pequeñas “Venturas y desventuras” comprobarán ustedes que -hasta llegar al cogollo de la cuestión que da nombre a las mismas- voy “tocando de puntillas” temas que han configurado mi vida para bien o para mal, pero de los que no puedo y debo escabullir el bulto. La enseñanza es uno de esos temas que han sido fundamentales en mi ya dilatada existencia.

            Formé parte de una familia de clase media para aquellos tiempos del “nacional-catolicismo”. En Melilla tan sólo se podía estudiar Magisterio o Comercio, y como Fernando, mi hermano mayor, ¡ay hermano!, marchó a Madrid a estudiar Ayudante de Obras Públicas (uno de los integrantes del Dúo Dinámico fue compañero de él), hoy Ingeniero Técnico de O.P., y no existiendo “posibles” para que los dos hijos varones de Fernando y Antonia, mis padres, ¡ay mis padres!, pudieran estudiar en la Península, a un servidor le tocó hacer Magisterio.

            Aquello fue coser y cantar, facilón hasta el máximo y, además, conocí la libertad y a Rosi “mi pastora”; digo la libertad porque comparado con las estricta disciplina del Colegio de la Salle aquello fue una bicoca, aunque la “pastora” más tarde depositó unas esposas en mis muñecas y con ellas sigo todavía.

            Ejercí la enseñanza en la kabila de Ben-Bu-Ifrur, lugar donde me “pilló” la independencia de Marruecos, hice mis primeras oposiciones y fui destinado a un suburbio de Dos Hermanas, lugar donde descubrí que grandes “cerebros” se perdían en el sueño de la nada. Estoy hablando de tiempos en los que mi sueldo no llegaba a 700 pesetas, o sea, unos 4 euros; ese dato da para una novela y confirmar que pasé más hambre que un maestro escuela, aunque yo, dicho sea de paso, me las buscaba.

            Regresé a Melilla mediante unas oposiciones y, por último, fui destinado a Málaga a través de opositar por tercera vez. No llegué a ser Pestalozzi, pero cumplí con la misión de formar y educar. Me siento bien cuando recuerdo momentos cruciales de esta fase de mi vida; pero no tengo tiempo para deleitarme en la escritura de ellos.

(Continuará)

           


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